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Vivir la Pascua desde nuestra juventud

¡Cristo ha resucitado!, y estamos alegres; hemos participado del Triduo Pascual, hemos estado en Vigilia y disfrutamos ahora de este tiempo de Pascua. Pero, ¿qué sigue ahora? ¿Terminó todo ya? ¿Cómo podemos vivir con más fuerza este tiempo?
Es importante saber que la Pascua no es un solo día. El tiempo pascual comprende cincuenta días que median entre el domingo de la Resurrección hasta el de Pentecostés; se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo.
Saliéndonos de lo tradicional, puede haber muchas formas de celebrar este tiempo y sobre todo de mantener la alegría que causa el paso de Jesús de la muerte a la vida.
La religiosa Jazmín Guerra señala que los jóvenes cuentan con mucha imaginación que pueden utilizar en sus familias, en la oficina, en la universidad, en la escuela y también en los  grupos parroquiales.
Hagamos cosas diferentes, gritemos a través de sencillos gestos, que estamos alegres porque Jesús venció la muerte de cruz para darnos nueva vida.
“La opción más sencilla es brindar una sonrisa al prójimo; ¿sabías que una sonrisa y una mirada de aprecio y de cariño pueden cambiarle el día a cualquiera?”, dice la Hermana… Pues sí, este es el gesto más simple, pero qué tal si lo acompañas obsequiando dulces? Agrégale a esto la frase, “Felicidades, Cristo ha resucitado”.
Habló también de la importancia de catequizar a los miembros más pequeños de la familia. Se pueden imprimir dibujos sobre la resurrección e invitarlos a colorear, contarles  la importancia del tiempo que estamos viviendo.
El cirio Pascual en la familia es otra alternativa. Toma la iniciativa y consigue una vela grande, decórala con muchos colores y corazones que representen a cada uno de los miembros de la familia. Mantengan este cirio encendido durante este tiempo y cuando hay dificultades en el entorno familiar enciéndalo nuevamente y oren juntos.
Aprovechemos también este tiempo de Pascua para pensar algún gesto solidario que podamos hacer en favor de los más necesitados, o de algún vecino o miembro de la familia que está necesitando nuestra ayuda. La Pascua siempre nos pone en camino hacia el hermano.

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