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Visión del matrimonio en las Sagradas Escrituras

Para hablar de la visión cristiana del matrimonio, paradójicamente conviene comenzar insistiendo en el valor humano del mismo. Porque a veces hacemos falsas contraposiciones y llegamos a la conclusión de que el matrimonio, o tiene una dimensión religiosa o no es digno de llevar ese nombre.
Pues bien, hay que comenzar afirmando que una pareja que asume con todas sus consecuencias el compromiso de entregarse mutuamente y vivir un proyecto de vida en común está haciendo un acto profundamente digno de su condición humana: él y ella están, sencillamente, realizándose como personas humanas.
Toda visión cristiana del matrimonio hay que construirla a partir de esa convicción previa: porque dicha visión no es una negación del valor humano del matrimonio, sino una potenciación del mismo.
Tan grande es el valor humano del matrimonio y del amor entre los cónyuges que la revelación cristiana ha tomado ese hecho para hacernos comprender lo que es Dios y cómo se relaciona Dios con los suyos.
En efecto, ya en el Antiguo Testamento, y especialmente en los libros de los Profetas, se toma el amor y la fidelidad conyugal como expresión de lo que es el amor que Dios tiene por su pueblo y su fidelidad a la alianza que había establecido con éste.
Igualmente, en el Nuevo Testamento, Pablo recurre al amor conyugal para explicar las relaciones de Jesús con la Iglesia, es decir, con la comunidad de los que le han seguido haciendo suyo el Evangelio y esforzándose por ser testigos de este mensaje en medio del mundo.
Cuando los autores sagrados quieren explicar las relaciones de Dios con los suyos, no encuentran una realidad más válida que la del matrimonio.

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