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Valoremos el tiempo

¿Estamos preparados para enfrentar la muerte de un ser querido? Escuchamos noticias de luto a diario, sin embargo, mientras no se trate de alguien conocido o cercano, dichas noticias se fugan de nuestra mente a los minutos de escucharlas. Pero cuando la puerta toca a alguien que queremos mucho el ambiente es distinto.
Sea por un accidente, enfermedad o por un motivo poco particular o predicho desde hace meses, decir adiós no es fácil. Ni siquiera lo es cuando se trata de rupturas, viajes o despedidas parciales, mucho menos lo será cuando lo es literalmente “para siempre”. Y aunque nuestra fe nos invita constantemente a ver la muerte como un paso necesario para la vida eterna con Dios, sabemos que en sí no veremos más a esa persona, al menos no físicamente. Por eso, mi invitación para reflexionar hoy es sencilla, valoremos a nuestros seres queridos.
El tiempo es un juego constante que nos lleva y trae, haciéndonos creer un día que nos sobra toda una vida y al día siguiente nos da un golpe de realidad al darnos cuenta que la vida y su tiempo es relativo, porque cada persona llena una zona de tiempo que puede durar o terminar de forma rápida y sin avisar.
A aquellos que ya vimos partir, dejemos que la oración y nuestra confianza en el Señor nos fortalezca para saber que están bien y que debemos pedir siempre por sus almas.
Y a los que aún están, valoremos su vida. Tus padres, hijos, abuelos, tíos, nietos, hermanos, amigos, tu pareja, no nos dejemos llevar por el tiempo que a veces nos quiere hacer pensar que mañana puede ser un buen día para decir “te quiero” o arreglar temas pendientes mientras estamos desperdiciando el “hoy” por miedo o reservas sin sentido.

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