DiócesisVicariato Apostólico del Darién

Una visita llena de esperanza

Del 26 de diciembre al 2 de enero, Monseñor Pedro Hernández, Obispo del Vicariato Apostólico de Darién, realizó su visita pastoral en la Zona Misionera de Jaqué y Puerto Piña. Durante la misma pudo compartir con  las comunidades indígenas de Biroquerá, El Coco y Llano Bonito, ubicadas a orillas del río Jaqué, así como al pueblo de Puerto Piña y las comunidades indígenas de Playa Muerto y Guayabito, ubicadas en la costa Pacífica darienita.

Durante la gira por estas comunidades y en compañía de los sacerdotes Melvin Medrano y Héctor Quirós, se pudo constatar cómo las poblaciones indígenas tienden a migrar hacia los pueblos más grandes y luego hacia la ciudad, buscando mejores oportunidades para vivir, sobre todo la posibilidad de un trabajo que les permite tener una vida más digna.

De esta manera, se confirma la necesidad que tienen estos pueblos indígenas, de políticas asistencialistas y subsidiarias o clientelísticas, y sistemas que promuevan el desarrollo local a partir de sistemas educativos eficientes y acompañamientos administrativos responsables, que garanticen el buen uso de los recursos  que el Estado pone al servicio de los más necesitados.

Educar en valores para crecer

Monseñor Pedro hizo énfasis durante sus visitas en la importancia de la solidaridad y la fraternidad que se deben cultivar al interno de las comunidades, ya que se trata de valores cristianos vitales para afrontar las distintas dificultades que se van encontrando,  sobre todo donde las precariedades son mayores.

Paradójicamente, la riqueza de recursos naturales en la zona misionera no deja de impresionar, y lo que la Iglesia y sus misioneros tratan de promover es precisamente una constante reconciliación y armonía entre el pueblo de Dios y la creación.

Podemos decir que, en este sentido, tanto las comunidades de los ríos como las de la costa gozan de grandes potenciales, pero requieren de un acompañamiento que les permita aprovechar lo mejor posible sus recursos.

Monseñor Pedro pudo encontrar a varias familias jóvenes que se van involucrando en el caminar de fe,  y también a niños y jóvenes que han encontrado en la Iglesia a esa gran familia de Dios que llena de alegría sus vidas.

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