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Trabajemos en paz por el bien común (2 Tes. 3, 12)

Porque Cristo ha resucitado, somos un pueblo que mira la vida con optimismo y esperanza, por eso, en este mes de Mayo estamos invitados a realizar nuestra acción significativa que consiste en hacer, como Iglesia, como Parroquia, una jornada de limpieza en nuestra comunidad, como signo del compromiso que tenemos los cristianos en el cuidado de la creación que es nuestra casa común en su propio barrio, sector, parroquia.
Qué bueno es que recordemos las palabras de Papa Francisco en la Carta Enciclica Laudato Sí, que nos invita a “considerar también la contaminación producida por los residuos, incluyendo los desechos peligrosos presentes en distintos ambientes, ya que se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos domiciliarios y comerciales, residuos de demolición, residuos clínicos, electrónicos e industriales, residuos altamente tóxicos y radioactivos.
La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería. Hace falta cuidar los lugares comunes, los marcos visuales y los hitos urbanos que acrecientan nuestro sentido de pertenencia, nuestra sensación de arraigo, nuestro sentimiento de «estar en casa» dentro de la ciudad que nos contiene y nos une”. Es bueno que nos preguntemos “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? Por eso, ya no basta decir que debemos preocuparnos por las futuras generaciones.
Se requiere advertir que lo que está en juego es nuestra propia dignidad. Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable para la humanidad que nos sucederá. Es un drama para nosotros mismos, porque esto pone en crisis el sentido del propio paso por esta tierra”. (Cf. Laudato Si 21, 151, 149).

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