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Somos una iglesia viva y alegre

La Parroquia Catedral Santiago Apóstol estuvo de fiesta el pasado sábado 21 de enero,  al celebrarse dos ordenaciones sacerdotales; dos jóvenes, después de una ardua preparación, entregan su vida a Dios y se convierten en servidores de la iglesia católica.
Mario Ríos y Luis Alberto Caballero son el signo de la continuación de la misión de Jesús en su Iglesia, en especial en la de Veraguas. Como signo de agradecimiento a Dios por este don especial, cientos de personas participaron de la misa; llegaron de todas las parroquias, cuasi parroquias, capillas, centros misioneros, capellanías y  movimientos apostólicos y diocesanos.

Vivir de acuerdo al Ministerio
La celebración litúrgica fue presidida por Monseñor Audilio Aguilar, concelebrada por Monseñor José Dimas Cedeño, Obispo Emérito de la Arquidiócesis de Panamá y Monseñor Oscar Mario Brown, Obispo Emérito de la diócesis de Santiago. También se hizo presente el clero, quienes acogieron a los nuevos presbíteros.
En su mensaje, el Señor Obispo recalcó el hecho de llevar una vida de acuerdo al ministerio que acababan de recibir.
Es tan importante para el consagrado,  y más para el Sacerdote, sentirse amado por Dios, quien le ha elegido, le ha llamado y lo ha consagrado, por eso insistió en que hay  que ser conscientes de ese amor, un amor que llena de alegría.
“El sacerdote debe ser el hombre de la alegría, una alegría que se manifiesta en todo lo que el Señor le permite hacer, y es esa misma alegría la que le permite ejercer un ministerio fecundo con muchos frutos”, acotaba el Señor Obispo.

Un don especial
Al ordenarse sacerdotes entran en una comunidad especial; hacen parte de una iglesia llamada a vivir la fraternidad, que se construye desde el respeto, la verdad, la unidad y la comunión.
“Cada sacerdote enriquece a la comunidad, sin embargo, la comunidad también se puede ver asechada por el mal que quiere introducirse para destruir todo tipo de fraternidad mediante la división, los celos, envidias y las calumnias que llevan a la desconfianza, es decir todo lo que procede del mal”, señalaba el Obispo.
Finalizada la ceremonia, las parroquias de la diócesis se unieron para compartir los alimentos, agradeciendo a Dios por la generosidad de todos, pastores y fieles que permiten ver una iglesia viva que se renueva constantemente con la gracia del Espíritu Santo.

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