Dirección Espiritual

Somos hermanos en Cristo y cuidamos la casa común

Al cuidar de nuestra casa común, no solo estamos amando a todos los seres que habitan en ella, nos estamos amando a nosotros mismos. El agua, el aire que respiramos, la naturaleza y sus especies nos sostienen, nos deleitan y nos inspiran; si miramos con amor este legado podemos con facilidad encontrar un espacio para orar con ella dando gracias a Dios por la grandeza de su creación y la bondad para con nuestras vidas, por la armonía y paz.

Al conocer y enamorarnos de esta Casa Común, ¿cómo demostrar esa hermandad, cómo nos hacemos responsables de promover su cuidado? El Papa en su Encíclica Laudato Si, nos dice: “Esta responsabilidad ante una tierra que es de Dios implica que el ser humano, dotado de inteligencia, respete las leyes de la naturaleza y los delicados equilibrios entre los seres de este mundo”. Cada uno debe empezar en su hogar a pensar cómo puedo ayudar con mis acciones a proteger y conservar los recursos naturales y el ambiente que me rodea.

Hay un sinnúmero de respuestas y todas empiezan como cristianos con ser ejemplo, con educarnos y educar a los niños y adultos. Dejar atrás la “cultura del descarte” de la que nos habla el Papa Francisco y respetar ese equilibrio de la vida en las especies que nos rodean.

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