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Migrantes y refugiados en duras batallas por una vida mejor

En Panamá, como en otras partes del mundo, se conmemora en septiembre el mes del Migrante y del Refugiado. Tiempo en el cual se busca sensibilizar a la población acerca de la tragedia que viven millones de personas alrededor del mundo.
En la Ciudad de Panamá se vive desde hace muchos años un pluralismo cultural, cualquiera que circula diariamente por sus calles lo puede notar, se escuchan toda clase de acentos que se confunden con el panameño. Sin dudas, este rasgo se puede encontrar a lo largo y ancho del país, pero en la capital tiene un valor agregado, aquí conviven y comparten sus vidas migrantes de más de 30 países.
Mientras que en los medios locales y en las redes sociales se debate con polémica sobre el tema, el Santo Padre ha hecho público un mensaje con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado a celebrarse en enero del 2018. Propone cuatro verbos sobre los que, según los promotores de esta jornada, debería articularse la respuesta común a las necesidades y problemas de migrantes y refugiados: acoger, proteger, promover e integrar.
En su reflexión reclama que los migrantes y refugiados puedan entrar en los países de destino con seguridad y de forma legal, que se les conceda libertad de movimiento en los países de acogida, que puedan acceder a la asistencia sanitaria del país, que se les garantice su derecho a la libertad religiosa, que se les facilite su inserción laboral y que se les facilite el acceso a la ciudadanía.
El Papa Francisco llama a la comunidad internacional a un mayor esfuerzo para acoger e integrar a inmigrantes y refugiados, y pidió a los gobiernos que simplifiquen los requisitos de concesión de visados por motivos humanitarios y por reunificación familiar.
Para Jorge Ayala, director de la Pastoral de Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Panamá, es un reto como Iglesia y como sociedad que nos plantea el Obispo de Roma. Sin embargo, poco o nada se hace, porque falta compromiso social, y testimonio de quienes, ostentan puestos de poder y decisión, y profesan la fe católica”.
Fue enfático al señalar que falta soluciones reales, políticas públicas que respondan a las necesidades de la sociedad panameña, inclusive para los migrantes, de un justo equilibrio entre seguridad y control de nuestras fronteras, con el respeto a la dignidad y los derechos humanos de los migrantes.
Y asegura que es un reto para todos, especialmente para la iglesia, que no siempre desarrolla la capacidad de brindar un espacio a los migrantes y refugiados en los grupos, movimientos y parroquias. A veces el “instinto” de preservación nos congela e impide abrirnos a la posibilidad de reconocer en el otro, la misma dignidad que me reviste y por tanto, darle su espacio en la comunidad.
Para Ayala, no es suficiente brindar un apoyo con alimentos, algo de ropa usada o quizás un donativo en efectivo. Un pretendido amor a Dios que no incluya una pasión por la justicia entre los hombres no tendría nada que ver con el amor cristiano, eso nos dice la Doctrina Social de la Iglesia.
Por su parte el diácono Víctor Berrío, director de Caritas Panamá señala que el trabajo que se realiza en la Iglesia debe partir reconociendo que la Pastoral Social en las diócesis están como semillas por germinar, lo que plantea el Papa serán solo conceptos si no se estudia, sino se divulga desde las parroquias.
Hoy en día, las parroquias no están estructuradas, ni organizadas para la ardua labor que se necesita en la acogida de los migrantes, falta mayor compromiso. Este mensaje del papa Francisco y lo que plantea la Doctrina Social de la Iglesia deben ser divulgados.
El Papa indica que para proteger a migrantes y refugiados se necesita “toda una serie de acciones en defensa de los derechos y de la dignidad”, y recuerda que “esta protección comienza en su patria y consiste en dar informaciones veraces y ciertas antes de dejar el país, así como en la defensa ante las prácticas de reclutamiento ilegal”.
Posteriormente, “debería continuar en el país de inmigración, asegurando a los emigrantes una adecuada asistencia consular, el derecho a tener siempre consigo los documentos personales de identidad, un acceso equitativo a la justicia, la posibilidad de abrir cuentas bancarias y la garantía de lo básico para la subsistencia vital”.
El diácono asegura que en Panamá la actuación del gobierno no es la adecuada para tratar a los migrantes que sólo huyen de las necesidades de su país, “ellos son personas que necesitan de nuestra ayuda. Ambas fronteras son bastantes porosas por ser selvas y topografía accidentadas, muy difícil de controlar, afirmó.
“En su momento el trato hacia los migrantes pareciera que fue humanitario hasta hace algunos meses, pero se observa que ha cambiado especialmente con los cubanos. Se requiere tener voluntad desde los altos niveles de poder para garantizar los derechos de los migrantes y urge la necesidad de establecer controles para evitar los abusos que hoy en día se dan en ambas fronteras”.
El Papa Francisco recuerda en el mensaje que “cada forastero que llama a nuestra puerta es una ocasión de encuentro con Jesucristo, que se identifica con el extranjero acogido o rechazado en cualquier época de la historia. A cada ser humano que se ve obligado a dejar su patria en busca de un futuro mejor, el Señor lo confía al amor maternal de la Iglesia”.

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