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El matrimonio ayer como hoy, es para toda la vida

Entender las verdades de la fe no es fácil y menos cuando decidimos buscar una felicidad falsa y egoísta queriendo ir contra la voluntad de Dios faltando a su Palabra y a sus mandamientos, al dar rienda suelta a nuestras pasiones desordenadas y al dejarnos guiar solo por el deseo, la pasión y el querer, confundiendo todo esto con el verdadero amor.
El verdadero amor esponsal solo se vive dentro del matrimonio en todo su esplendor y plenitud ya que los esposos han recibido la fuerza del Espíritu Santo a través de la bendición de Dios al unir en alianza dos vidas en una.
Hoy el hombre camina “ciego” en un mundo lleno de engaños y mentiras por buscar desesperadamente una felicidad falsa viviendo en desobediencia a Dios y apartados de Él, faltando al cumplimiento de sus leyes y preceptos, arriesgando su santidad, salvación y vida eterna.
En el afán de “rehacer sus vidas, por creer haber fracasado, en vez de emprender una lucha por su matrimonio, hacer oración juntos por ese esposo(a), rezar mucho por él, tener fe en que para Dios nada es imposible, se dan por vencidos.
El enemigo, a quienes más ciega es a aquellos que están cerca de Dios, que van a Misa, que están en ministerios y ayudan de manera especial a sus parroquias sacándolos del camino, al hacerles creer que pueden y tienen derecho a ser felices.
¿Acaso un ciego puede guiar a otro ciego? Muchos hoy viven de esta manera “ciegos” a la única felicidad y verdad que existe, Jesús. Si fuéramos verdaderos discípulos de Jesús, del Maestro, le imitaríamos en todo especialmente en el amor, amando como Él ama, perdonando como Él perdona, haciendo siempre el bien, buscando la perfección y santidad para llegar un día a alcanzar los bienes eternos junto a Dios.

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