Espiritualidad

Las riquezas no te aseguran nada

Las Asambleas Vecinales que forman parte de la Fase de Evangelización de la Campaña Arquidiocesana se inician esta semana en las comunidades parroquiales. Como comunidad parroquial a la luz de la nueva Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate del Papa Francisco, se hará una reflexión que nos ayudará a prepararnos con un corazón fraterno y solidario para la llegada del Papa y de miles de peregrinos a la JMJ Panamá 2019.

Hoy, bajo la protección y guía de la Virgen María, la que no ha te-nido miedo de hacer la voluntad de Dios, pidámosle a Ella que nos ayude a compartir fraternalmente para ser signo de comunión en una Iglesia joven y fermento de una sociedad más justa, fraterna y solidaria.

Hecho de vida:

Riqueza y pobreza

Un día, un padre de familia rica y muy acomodada, llevó a su hijo de viaje al campo, con el firme propósito de que el joven valora-ra lo afortunado que era de poder gozar de tal posición económica, y se sintiera orgulloso de él. Es-tuvieron fuera todo el fin de se-mana, y se alojaron en una granja con gente campesina muy humil-de. Al finalizar el viaje, de regreso ya a casa, el padre preguntó a su hijo:

– “¿Qué te pareció la experiencia?”

– “Buena”, contestó el hijo con la mirada puesta en la distancia.

– “¿Te diste cuenta de lo pobre que puede llegar a ser la gente?”

-“Sí, papá”

-“¿Y qué aprendiste, pues?”, insistió el padre.

– “Muchas cosas, papá…que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro… nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín… y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos y otras bellezas… que nosotros tenemos lámparas importa-das para alumbrar nuestro jardín, mientras que ellos se alumbran con las estrellas y la luna… que nuestro patio llega hasta la cerca, y el de ellos abarca el horizonte… que nosotros compramos nuestra comida… ellos siembran y cosechan la de ellos… nosotros cocinamos en cocina eléctrica… ellos, todo lo que comen tiene ese glorioso sabor del fogón de leña… para protegernos, nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas… ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos y siempre ayudan a los necesitados… nosotros vivimos conectados al móvil, a la computadora y al televisor… ellos, en cambio, están conectados a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del monte, a los animales, a sus labores agrícolas… tú y mamá tienen que trabajar tanto que casi nunca los veo ni hablamos… ellos tienen tiempo para hablar y convivir cada día en familia…”

Al terminar el hijo el relato, el padre se quedó mudo. Entonces, su hijo añadió:

  • “¡Gracias papá, por haberme enseñado lo pobres que somos, y lo ricos que podemos llegar a ser!”

Escuchamos la Palabra de Dios: Evangelio de Lc. 12,16-21.

Normalmente el rico se siente seguro con sus riquezas, y cree que cuando están en riesgo, todo el sentido de su vida en la tierra se desmorona.

Preguntémonos

  1. ¿Qué me ha llamado la atención de este hecho de vida?
  2. ¿ Dónde colocamos la seguridad de nuestra vida?
  3. ¿Cómo puedo ser rico siendo pobre?

Reflexión

Las riquezas no te aseguran nada. Es más: cuando el corazón se siente rico, está tan satisfecho de sí mismo que no tiene espacio para la Palabra de Dios, para amar a los hermanos ni para gozar de las cosas más grandes de la vida. Así se priva de los mayores bienes. Por eso Jesús llama felices a los pobres de espíritu, que tienen el corazón pobre, donde puede entrar el Señor con su constante novedad.

Lucas no habla de una pobreza «de espíritu» sino de ser «pobres» a secas (cf. Lc. 6,20), y así nos invita también a una existencia austera y despojada. De ese modo, nos convoca a compartir la vida de los más necesitados, la vida que llevaron los Apóstoles, y en definitiva a configurarnos con Jesús, que «siendo rico se hizo pobre» (2 Co. 8,9). Ser pobre en el corazón, esto es santidad (Gaudete et Exsultate 67-70).

Compromiso

Cuando vivas un momento de angustia, recuerda el amor de la Virgen María, toma el rosario y reza con fe.

Cuando vayas por la calle y encuentres a un pobre, ayudalo y detente a conversar con él con cariño.

Inscribete en tu Parroquia como familia de acogida para los peregrinos de la JMJ 2019.

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