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En la enfermad, la mejor medicina es Jesús y María

Las Jornadas convocadas por la Iglesia nos recuerdan necesidades que solicitan una peculiar atención como es el caso de la Jornada Mundial del Enfermo que fue instituida hace 25 años, por san Juan Pablo II.
En esta ocasión el Santo padre, Francisco indicó a través de un mensaje en conmemoración a esta fecha, que esta jornada constituye una ocasión para prestar especial cuidado a todos los enfermos y a los que sufren en general; y, al mismo tiempo, es una llamada dirigida a los que se entregan en su favor, comenzando por sus familiares, los agentes sanitarios y voluntarios, para que den gracias por la vocación que el Señor les ha dado de acompañar a los hermanos enfermos.
El Papa destacó especialmente la figura de la Virgen a través del lema de este año: «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí…» (Lc 1,49) y a su vez invitó a fijarse en la mirada de María, consoladora de los afligidos, que ilumina el rostro de la Iglesia en su compromiso diario en favor de los necesitados y los que sufren.
“Los frutos maravillosos de esta solicitud de la Iglesia hacia el mundo del sufrimiento y la enfermedad son motivo de agradecimiento al Señor, Jesús, que se hizo solidario con nosotros, en obediencia a la voluntad del Padre y hasta la muerte en la cruz, para que la humanidad fuera redimida. La solidaridad de Cristo, Hijo de Dios nacido de María, es la expresión de la omnipotencia misericordiosa de Dios que se manifiesta en nuestras vidas –especialmente cuando es frágil, herida, humillada, marginada, sufriente– infundiendo en ella la fuerza de la esperanza que nos ayuda a levantarnos y nos sostiene” agregó.
El santo padre reiteró su cercanía ante los hermanos y hermanas que viven la experiencia del sufrimiento, al igual que sus familias y a su vez agradeció a todos los que, según sus distintas ocupaciones ofrecen bienestar diario a quienes padecen de algún mal, trabajando con competencia, responsabilidad y dedicación.
Me gustaría, afirmó el Papa, el animar a todos los enfermos, a las personas que sufren, a los médicos, enfermeras, familiares y a los voluntarios a que vean en María, salud de los enfermos, a aquella que es para todos los seres humanos garante de la ternura del amor de Dios y modelo de abandono a su voluntad; y a que siempre encuentren en la fe, alimentada por la Palabra y los Sacramentos, la fuerza para amar a Dios y a los hermanos también en la experiencia de la enfermedad.

Invitación a la reflexión
Para el P. Marlo Verar, asesor de la pastoral de la Salud, las palabras emitidas por el Santo Padre Francisco deben invitarnos a la reflexión puesto que son un llamado a la sociedad en general, y a todos los que de una forma u otra están comprometidos a la obra del señor “para que nos sensibilicemos y que siempre recordemos que existe sufrimiento en el mundo, que existe dolor, que hay enfermos que están solos, que necesitan acompañamiento, que necesitan que se les visite y que se les trate con dignidad”.
Resaltó el trasfondo del lema que se enfocó en el asombro antes las obras que Dios realiza, y que están basadas en las palabras de la Virgen María, sobre cómo Dios puso sus ojos en su pequeñez y que desde ese mismo modo Dios quiere estar cerca de los enfermos y de sus familias. Señaló que Dios quiere también acompañar a los profesionales de la salud, al igual que al voluntariado.
Subrayó que la Pastoral de la Salud es específicamente una pastoral de la discreción y quienes deseen pertenecer a ella deben reflejar una capacidad de escucha, que acojan, que tengan disponibilidad para las visitas y mucha sensibilidad. A su vez debe saber trabajar en equipo.
“Jesús nos envía siempre de dos en dos, en comunidad asimismo en equipo se realiza”, sostuvo. Un aspecto primordial afirmó es que debe ser una persona de fe, identificada con la cruz del Señor.

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