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La catequesis y la maduración de la fe

¿Qué es la fe? o ¿Qué es tener fe? Se puede escuchar a una persona decir que es creyente o que es una persona de fe. Pero sería interesante preguntarle qué representa para ella la fe. La fe, como respuesta del hombre al Dios que se nos revela, tal vez no es muy bien entendida hoy en día. Medir la madurez que una persona tiene de su fe no es fácil. Pero Jesucristo, nos ayuda a tener una aproximación: “Por sus frutos los reconocerán” (Mt. 7, 16). El árbol se reconoce por sus frutos. La persona madura en la fe se reconoce por las obras que realiza en su vida, por su manera de vivir. Hay agentes de pastoral que se creen superiores a los demás, por sus conocimientos, pero que sus actitudes dejan mucho que desear: incapaces de luchar por la reconciliación cuando hay conflictos en la comunidad parroquial, querer imponer sus propias ideas, egoísmo, falta de solidaridad, etc. Pero aun así dicen que están caminando en la fe.
La fe cristiana es conversión a Jesucristo. Es un encuentro personal con Jesucristo. La fe exige un cambio de vida. Tener fe no es sólo tener conocimientos o ir a misa los domingos. Tener fe es algo experiencial. Es decirle sí al proyecto que Dios tiene para su vida. Es aceptar un camino tras las huellas del maestro, es vivir el estilo de vida que Jesús nos propone. Es adherirnos a su persona, a sus actitudes, gestos y palabras y ser uno con él.
La memorización, la doctrina no cambia el corazón de nadie. Pero una formación o educación en la fe que lleve a una experiencia de conversión, de encuentro con el Resucitado llevará tarde o temprano a cambiar la manera de vivir la vida, y a desear conocer más la persona de Jesús.
La catequesis también debe hacer lo posible para que la persona se sienta comprometida con la sociedad. Amar a Jesús y seguir su camino me llevará tarde o temprano a servir a los demás. La experiencia habla más que mil palabras, y servirá luego para futuras reflexiones sobre la identidad como cristiano, y hará pensar al catequizando sobre el llamado que Dios le hace de ser discípulo (pendiente a su Palabra) y misionero, deseoso de contribuir con la extensión del Reino en el mundo que nos toca vivir.

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