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Hablando mal de prójimo: ¿Qué tan malo puede ser?

Hablar mal del prójimo es un defecto muy dañino, porque manifiesta poco respeto por el otro y hace poco confiable a quien tiene este mal hábito; el que se acostumbra hablar mal del otro, también podrá hablar mal de ti en algún momento, porque quizás ya es un hábito adquirido y en muchos casos, como mencionas, no es fácil de erradicar.

Como ves, es un defecto que no sólo debes de cambiar porque es pecado sino porque daña las relaciones humanas, y tampoco ayuda a forjar amistades sinceras.

Dentro de los pecados que atentan contra el octavo mandamiento encontramos los juicios temerarios, la calumnia y la maledicencia. A veces con ligereza se utiliza el don de la palabra, y se hace mucho daño con ella.

Creo que no son pocas las veces en que con ligereza se atribuyen males morales a otros sin tener la seguridad de si es así; Quizás basándose en suposiciones, impresiones subjetivas, o comentarios escuchados, se lanzan afirmaciones que dejan entrever una duda sobre la buena honra del otro. Cuánto daño se puede hacer con esto! Y ni que decir de la calumnia donde se levanta un juicio falso con el único objetivo de hacerle daño a alguien.

Es muy doloroso ver como al levantar falsos testimonios se daña la honra de las personas, cosa que después es muy difícil limpiar. Por lo tanto pongamos siempre atención a nuestras palabras. Para avanzar en este dominio de la palabra, podrías preguntarte, antes de hablar: ¿Esto que voy a contar de tal persona, sería capaz de decirlo enfrente de ella? ¿cuál es el objetivo de lo que voy a decir? ¿Ayudará en algo o beneficiará a mi prójimo?

Creo que siempre es bueno seguir aquello que Jesús enseñó: “Trata a los demás como te gustaría que te traten a ti.”

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