Espiritualidad

Espiritualidad y acompañamiento a los jóvenes

Como aporte en la preparación espiritual para la JMJ-2019, en Panorama Católico, damos inicio a la reflexión espiritual que algunas espiritualidades podemos ofrecer para el acompañamiento a los jóvenes y a la familia panameña en la preparación debida para este singular encuentro con el pastor de la Iglesia, el Papa Francisco, y la juventud del mundo.

I. APORTE DE LA ESPIRITUALIDAD CARMELITANA.
La espiritualidad carmelitana, a partir de los Santos Fundadores: Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, le identifica el camino de perfección del alma para la unión con Dios. El carisma del Carmelo Descalzo tiene como llamado vocacional llevar al encuentro con Dios amigo y deseoso de darse y de compartir la vida con el hombre. El Dios del trato incondicional, que no se queda en el mal que afecta al hombre sino en lo que vale en su interior: “es necesario considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal a donde mora Dios” (Sta Teresa, 1M 1,1). La espiritualidad carmelitana es cristocéntrica y humanista, y esto la hace fundamental para el acompañamiento de los jóvenes en su caminar espiritual, cuya preparación amerita ser cristocéntrica: “que tenga a Cristo como centro de sus pensamientos, palabras y obras, que aprendan a relacionarse a partir de la vida en Cristo, del trato consigo mismos y con su prójimo. Ha de ser también una preparación humanista: “donde el joven sepa conocer su interioridad, amar la vida desde ella y proyectarse en sus labores desde ese amor interior consigo mismo en el encuentro con Cristo, que sepa del trato cercano de Cristo con él. La pedagogía del acompañamiento en la espiritualidad carmelitana está marcada por el diálogo amigable, donde el primer acompañante es Jesús, y le lleva de la mano hasta el más profundo centro del alma, sin escandalizarse, sin juzgar, sin condenar, sino amando y perfeccionando, según el caminante le deja actuar. Él es el que inicia el diálogo, el que entabla la conversación, es el amigo que sale al encuentro y que con la fuerza de su Espíritu nos coloca en disposición de “salir para entrar”, salir de sí mismo para entrar a llevar una vida con Él y en Él (Ejm: Jn 4, 5ss Samaritana; Lc 24,13ss Emaús). Despojarse de lo que no es Dios para revestirse de Dios, es lo que supone el acompañamiento de Jesús en el encontrado por Él.
Santa Teresa y San Juan de la Cruz, fundadores del Carmelo Descalzo, son maestros en el arte del acompañamiento del alma para llevarla a Dios, y un referente para los jóvenes en el camino de la libertad interior que necesitan para acoger con espiritualidad firme a Dios y este acontecimiento de la JMJ 2019.
Supone un camino de libertad.
El itinerario carmelitano es “un viaje desde nuestro interior al encuentro con el Dios de la historia”, un vuelo hacia la libertad que nos dispone para las opciones fundamentales de la vida. El desafío es llegar al centro del castillo, a la interioridad, y salir por las obras, al amor verdadero de sí mismos y del prójimo. Esto supone que “para dejar un amor hay que haberse encontrado con un amor mejor que el que se tiene” (cf. 1 Sub 14, Sn Jn de la +). Al joven hay que llevarle a este amor mayor que es el encuentro con Cristo, y para esto:
-Primero: entrar en el conocimiento propio.
Teresa conoce la realidad del ser humano, y cree en él con sus posibilidades y limitaciones, y lo sueña en el proyecto de Dios. Ella entiende al joven que pierde el camino y sabe que puede volver, porque también ella, en su juventud con las malas amistades en un momento perdió el norte: “Y tomé todo el daño de una parienta que trataba mucho en casa. Era de tan livianos tratos… y alma virtuosa no me dejó casi ninguna (V 3,4). El joven como ser humano es un ser habitado, que tiene capacidad de relacionarse con Dios que lo llama desde dentro, y que en su pequeñez es capaz de tratar con Él. Para esto ha de aprender a considerar su vida de cara a Dios: “considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. Y en el centro y mitad de todas ellas tiene la principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma (Sta Teresa, 1M1,1-3). Saberse criatura llena de hermosura, hecha a imagen y semejanza de Dios, como un castillo o templo. Esto es INTERIORIDAD.

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