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Esencia viva es la Pastoral Evangelizadora

Una de las cosas por las que hay que luchar en la labor evangelizadora de la Iglesia, es que el cristiano tome conciencia de la dignidad que tiene y a lo que se compromete por el hecho de ser bautizado. En estos tiempos es un poco difícil lograrlo, porque todo se quiere para “ya”.  Vivimos la cultura de la inmediatez y asimismo queremos que sea nuestra formación cristiana: rápida e instantánea.

Evangelizar en un proceso pausado.  Por ejemplo, ¿podrá un adulto, esperar dos años para recibir determinado sacramento? ¿Cómo hacer para que esta teoría no quede solo en eso: “teoría”?

Se hace necesario restaurar el proceso catecumenal debido a cómo anda la fe; y esto unido al primer anuncio (kerigma).  Una Iglesia, que viva la caridad atrae, creo que hay que comenzar por allí: crear verdaderas comunidades de vida y amor.    

La transformación de la pastoral tradicional en una pastoral evangelizadora,  es necesaria, y así nos lo dice el papa Francisco: “salir de nosotros mismos”.  El estar cómodo es una tentación, pero en la medida en que nos atrevamos a ello, veremos las maravillas que Dios nos tiene preparado.  Tal vez, no nos dejamos sorprender de lo que es capaz de hacer Dios con nuestras debilidades.  Tan solo hay que presentar nuestros cinco panes y dos peces, que serían nuestra intención de querer darlo todo por la evangelización.

Siempre habrá voces que digan que no vale la pena; pero habrá que arriesgarse y esperar los frutos. La clave es trabajar en equipo, respetando los dones que Dios ofrece a su Iglesia.  Hay que sanar los celos pastorales, el sentirse superior al otro, y aprovechar esos carismas que Dios le da a su Iglesia para el bien de su pueblo.

El gran desafío será convencer a la gente que vale la pena ese caminar.  La Palabra de Dios es viva y eficaz.  La pastoral evangelizadora debe tener como centro la Palabra Revelada y que es capaz de transformar los corazones.

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