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El catequista como animador del grupo debe acompañar el crecimiento en la fe

El catequista realiza muchas funciones para educar en la fe y una de ellas es la de ser el animador del grupo de catequesis más que el maestro que enseña, porque la educación en la fe es llevar el Evangelio al corazón del catequizando. Las dinámicas de grupo precisamente facilitan el aprendizaje vivencial; por ello, el Catequista necesita conocer y aplicar los principios de la animación grupal.

Lo primero que debe realizar el Catequista, es formular con claridad los objetivos de cada encuentro grupal. Luego, orientar las actividades para el logro de dichos objetivos. Durante el desarrollo del encuentro, fomenta la cordialidad en las relaciones interpersonales, el respeto y la confianza del grupo. Además, debe animar la participación activa de los miembros, especialmente de aquellos que tienden a quedarse callados, siempre con mucha gentileza y cariño. Debe esforzarse para que prevalezca un clima afable y cortés, evitando los conflictos que pudieran surgir en la exposición de las líneas de pensamiento de cada miembro del grupo. Por último, debe conocer y aplicar con sabiduría las técnicas de animación grupal.

Muy importante es tener presente que las técnicas de grupo no deben ser consideradas como fines en sí mismas, sino como medios que facilitan el logro de los objetivos. Tampoco son para entretener a los muchachos, ni para hacer más divertida la reunión, como si se tratara de un juego so-lamente.

Existen diversos tipos de dinámicas y es importante elegir las más apropiada para cumplir los objetivos propuestos. Para esto, hay que tomar en cuenta, además de los objetivos, el tamaño del grupo y sus características; por ejemplo, el nivel académico, la edad, el ambiente físico y cualquier situación específica de los miembros del grupo.

El animador debe explicar claramente la técnica que se va a utilizar y el propósito que se quiere lograr. Si por algún motivo algún miembro muestra renuencia a participar, se le debe permitir actuar como observador; quizá se anime más adelante a participar. Es importante calcular el tiempo para el desarrollo de la técnica de animación para no sobrepasarse.

Las dinámicas permiten el desarrollo del pensamiento crítico y suscitan espacios para comunicar ideas y sentimientos. Esto favorece la asimilación del mensaje cristiano permitiendo que los catequizandos se conviertan en protagonistas de su propio crecimiento en la fe.

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