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Educación Católica busca responder a las exigencias del mundo de hoy

La tarea que corresponde a la escuela católica de América en esta hora de la historia, es la de ayudar a alumbrar a una generación capaz de vivir en un mundo interconectado e interdependiente, pero respondiendo a las crecientes exigencias de justicia y solidaridad entre hombres y pueblos.
En torno al tema y llegando en parte a esta conclusión se reunieron 150 educadores de Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y Guatemala como país anfitrión del IV Encuentro Centroamericano de Educación Católica. Un encuentro desarrollado en días pasados con el objetivo de establecer líneas de acción para la Escuela Católica, desde su identidad y en una perspectiva humanizante.
La misión educativa deber ser una respuesta evangelizadora desde la realidad de cada país. El espacio compartido sirvió para que establecieran cinco compromisos con sus respectivas líneas de acción que deben adaptar a su contexto.
1. Una educación evangelizadora que promueva la libertad y la dignidad de la persona humana en toda la región Centroamericana, permitirá que la escuela católica mantenga su impronta de “educación liberadora”.
2. En términos de pastoral educativa, es fundamental que los centros educativos centroamericanos evangelicen por medio del saber para crear una sociedad más humana, más justa y solidaria.
3. Es preciso establecer un proceso de formación continua y sistematizada que involucre toda la comunidad educativa.
4. Ser testigos de la misericordia en el ámbito educativo es un desafío inaplazable, para hacer presente el evangelio mediante una actitud personal y comunitaria de solidaridad y generosidad hacia el otro, dentro y fuera de los centros educativos.
5. La familia tiene un lugar prioritario en la escuela católica. Por ello, es necesario promover una pastoral familiar que tome conciencia y asuma su identidad como primer santuario en la educación integral de los hijos.
Para dinamizar estos compromisos asumidos no se puede seguir consumiendo el tiempo hablando de buenas intenciones, y el padre Jorge Rivera, Delegado Episcopal para la Educación Católica Arquidiocesana, es directo: “solo se logra convirtiéndonos en punta de lanza de una transformación verdadera”.
“La educación del siglo XXI debe ser transformadora en la vida social, y para lograrlo, es necesario estar dispuestos al diálogo con los demás” enfatizó el sacerdote tras advertir que la escuela católica debe cambiar el entorno, y esto se logra a través de la conformación de una verdadera comunidad educativa.
Afirmó que la escuela no son solo las instalaciones, ella siempre debe llevar a mejorar el contexto social y cultural donde se encuentra presente, por eso las instituciones educativas deben convertirse en centros de irradiación donde se consolidan la construcción de una sociedad más solidaria y fraterna.
Por su parte la profesora Ana María Atencio, Directora del Colegio San Vicente de Paúl asegura que frente a la realidad política, económica y social, uno de los grandes retos de la escuela católica, es alcanzar esa formación integral de los jóvenes que los lleve a ser hombres y mujeres inspirados en esos grandes valores evangélicos de justicia, de solidaridad, y fraternidad.
“Nuestros jóvenes egresados han de llevar un equipaje que les permita aportar al desarrollo de una nueva sociedad desde su coherencia y su testimonio de vida, sin importar la carrera o el rol profesional que han de desempeñar”, destaca la educadora.
Fue enfática al señalar que la Escuela Católica no puede renunciar a sus principios legítimos para contemporizar con la sociedad. “Tiene que ser fiel al proyecto de la evangelización, con nuevas formas, con creatividad pero sin perder su verdadera esencia” indicó.
En el colegio que dirige se procura ofrecer una formación integral, fomentando los valores evangélicos que les permitan asimilar los fundamentos de una espiritualidad, mediante el conocimiento de la persona de Jesús, de sus enseñanzas y creando espacios litúrgicos, y de servicio a los necesitados.
“Esta es una tarea difícil, pues las exigencias académicas a la hora de la práctica es la que prevalece y la acción evangelizadora, muchas veces se convierte en acciones pastorales puntuales”.

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