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Dignidad humana: lugar común de creencias diversas

La indigencia material, la falta de bienes esenciales, reduce la vida de las personas a niveles infrahumanos. La pobreza causada por la privación, a veces violenta y siempre injusta, de los derechos elementales de libertad social, cultural y religiosa reducen la vida a niveles antiéticos muchos más graves y penosos que la propia pobreza material.

Toda división, ideológica, política, cultural, etc., agrava la pobreza y la falta de libertad de los pueblos.  De ella se han aprovechado las grandes manipulaciones del dinero y del poder desde la industria militar, la industria de la droga y la investigación y el narcotráfico.  La pobreza de nuestro tiempo está radicada en factores políticos y en el mal moral debido a las culpas y omisiones de muchas personas.  Por lo tanto, será necesario actuar a nivel moral y ético para construir un futuro más humano y digno por medio de una concienciación rigurosa de la solidaridad y fraternidad universal, incluso en el campo de la investigación.

El nuevo humanismo implica un grado superior de organización internacional, más eficiente, solidaria y subsidiaria.  Hay que cambiar la cultura del consumo, las ideologías opresivas y fragmentarias, relativistas y utilitaristas y la mera resignación de frente a la miseria de las masas. Como nos recuerda el papa Francisco, estamos llamados a instaurar una cultura de la solidaridad y del compromiso eficaz al servicio del bien común, la cultura del encuentro y de la integración de toda la familia humana.

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