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Contigo todo, sin ti nada

Debo decir que valió cada hora de sueño, cada madrugada, cada fila y todo lo que involucraba asistir. Una vez más, me quedé sin palabras ante el Señor. Y siento ese cambio radical de ir viviendo año tras años encuentros juveniles. Y estoy feliz de sentir en efecto dicho cambio.
Me sorprendieron al presentarme temas tan profundos y diferentes que tocaron mi realidad para decirme que debo estar llamada a alumbrar por medio de Dios y no a deslumbrar por los talentos. Me sentí retada a hacer más líos. A no quedarme callada esperando a que alguien más dé el primer paso para evangelizar y ser sal y luz del mundo desde una perspectiva juvenil que busque llamar con mis acciones a aquellos que aún no conocen a Jesús. Y también me sentí culpable, porque por mi culpa quizás varios jóvenes no estaban viviendo lo que yo tenía frente a mis ojos. Yo siempre he tenido esos deseos de evangelizar, pero no he dado el 100% de mí para llegar a quiénes más necesitan de Jesús: aquellos que en realidad no lo buscan. Y por eso me siento llamada a servir de una forma más humilde y a salir del Templo no sólo a través de las redes sociales.
El Espíritu Santo estuvo presente. Y así como se hizo presente sé que está en el corazón de todos para que ahora podamos salir y hacer líos de una forma diferente. Porque no somos jóvenes jubilados, sino que vivimos para el servicio, para dar amor, para escuchar a quien tal vez necesite ayuda.
Este Encuentro fue una respuesta a miles de interrogantes que tenía y exhorto a todos los jóvenes que como yo en algún momento pensaron que ya era muy tarde para ir a un Encuentro de Renovación Juvenil, que se atrevan a ir el próximo año y descubran que Dios es eterno y siempre tiene algo nuevo que decirnos.

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