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Consejos prácticos para ser la suegra ideal

Casi todos los errores que suelen cometer las suegras se relacionan con el intento de seguir acaparando el afecto del hijo, o mostrar su estatura en terrenos como: madre educadora, esposa virtuosa, administradora talentosa, especialista en manchas, nutrición entre otras cosas.
Expongo el caso de mi madre, cuando recién me casé. En sus imprevistas visitas, mi esposa se tardaba en abrir la puerta recogiendo precipitadamente. Acto seguido mi madre entraba y con una crítica y “discreta” mirada, como no queriendo la cosa apoyaba un dedo en algún mueble revisando el polvo. Inmediatamente comenzaba a departir lanzando piedras, eso sí, envueltas con terciopelo.
Terminada su visita, ya a solas, yo esperaba a que mi esposa recuperara cierta calma para decirle: “mi vida, piensa que gracias a ella yo existo, y mira el premio que te has llevado”… la verdad, esto no siempre surtía el efecto deseado.
De todo esto hace ya algunos años. Nuestro hijo mayor se ha casado en el inevitable ciclo de la vida, convirtiéndonos en suegros. Para evitar que cayera en esos vicios, le di una serie de consejos a mi esposa, entre ellos: Ya no eres la guardiana de tu hijo. Al principio de nuestro matrimonio, mi madre ejercía de guardián permanente en cuanto me veía, con observaciones como: ¿ya has comido?; tú pantalón no luce bien planchado…
No impongas tu mayor experiencia de la vida. Mi madre no reconocía del todo las esforzadas iniciativas de su nuera por hacer y aprender: como el pavo de la navidad que se esmeró en preparar o el pastel de un cumpleaños con novedosa receta. Siempre intervenía con frases como: Te quedo rico pero… Luce bien, nada más que… A la otra, te recomiendo que… Luego, con magnanimidad la disculpaba, pues no tenía su experiencia. A continuación manifestaba su genuino deseo de ayudarla diciéndole: –Querida, te voy a hacer una sugerencia… Y lo que hacía era darle órdenes como oficial dirigiéndose al último de sus subordinados.

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