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Una forma moderna de esclavitud

El programa Oseas es una acción más de nuestra Iglesia que lleva un mensaje de esperanza a aquellas mujeres que se encuentran ejerciendo la prostitución en las áreas cercanas del Centro San Juan Pablo II, no podemos cerrar los ojos y saber que cerca de nosotros se encuentra Cristo que sufre en la mujer marginada que ofrece su cuerpo para poder conseguir dinero, aunque no les resolvemos sus problemas estamos para escuchar, motivar y ofrecer oportunidades, queremos hacer más grande este proyecto con acciones maravillosas que ayudarán a muchas de ellas.
Es importante reconocer que la explotación sexual, la prostitución y el tráfico de seres humanos son actos de violencia contra las mujeres y, en cuanto tales, constituyen una ofensa a la dignidad de la mujer y son una grave violación de los derechos humanos fundamentales.
Recorrer ciertas calles de la ciudad donde hay mujeres en una esquina tirando besos a los carros que pasan para ver qué cliente contrata su servicio, algunas bajo el efecto de sustancias ilícitas, aunque no todas, en medio de todo, ellas hacen un alto en medio de sus acciones y quieren conversar.
Como Iglesia en una bicicleta nos detenenos no solo para darle una bolsita que contenga jugos, manzanas, chocolates y una estampita con el mensaje de Dios, sino también ofrecer este espacio de minutos para escuchar sus sueños, sí su sueños, porque a pesar de todo sueñan despiertas, tienen deseos de salir adelante como cualquier persona.

El dolor emocional
La mayoría de estas mujeres siempre manifiestan un dolor, algo que sucedió en su vida en su niñez, juventud o en sus relaciones de familia, factores que le afectaron; algunas que tratan de olvidar con un poco de sustancias o alcohol, a pesar de todo dicen tener confianza en Dios que nunca las olvida a pesar de saber que proceden mal.

Sueños
Algunas de estas chicas han llegado al Centro San Juan Pablo II a conversar y expresar con mucho dolor, que su deseo es salir de la calle y trabajar y dicen “ya no puedo arriesgarme con las enfermedades” a pesar que tienen su medida de seguridad, algunas manifiestan cómo son golpeadas por los clientes que las obligan a consumir drogas o hacer otras acciones; de no hacerla son sometidas a golpes.
“Arriesgo mi vida cada vez que me voy con un cliente; no sé con quién estoy tratando”, comenta una de las chicas.

Pobreza
Muchas personas pueden juzgar pero las cadenas negativas, el no terminar los estudios, una motivación personal pobre, las áreas donde residen, muchas golpeadas por la falta de oportunidades se ven en la necesidad de salir a la calle a buscar el factor dinero para poder resolver el día, el pago de alquiler del lugar donde duermen, comida, estudios de sus hijos y algo para poder vestir.
Iglesia
Estamos para ayudar como Iglesia, tenemos que salir al encuentro de estas hermanas, como Centro no abarcamos todas las áreas, son varias las esquinas donde se reúnen para vender sus cuerpos, pero hay estamos tratando de llegar, escucharlas, ofrecer un mensaje de amor de parte de Dios.
El programa Oseas con su lema háblale a mi corazón está haciendo un trabajo de sensibilización con estas damas y poder presentar este proyecto para poder ayudar a aquellas que tienen ese deseo de salir de las calles y vivir dignamente sin arriesgar su vida.
El Santo Padre nos invita a ser sensibles ante el grito de dolor de tantas personas marginadas y descartadas, que postrados en su pobreza buscan una mano amiga que los ayude.
Por último, manifiesta su deseo de que “Cristo, verdadero rostro misericordioso del Padre, les conceda experimentar la alegría de compartir su tiempo, sus bienes, sus vidas con los que Dios ama con amor de predilección, los más pobres y desamparados y pide que no dejen de rezar por su servicio a la Iglesia”.

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