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Trabajo y matrimonio, por error puestos en la misma balanza

Cada vez más se cae en la torpeza de “endiosar el empleo” y “banalizar el matrimonio” revelando una preocupante falta de jerarquía de valores en la sociedad actual. Se menosprecia el esfuerzo por solucionar los problemas familiares y se valora al mismo tiempo, el sacrificio necesario para mantener un trabajo.
Muchas parejas caen en el error de olvidar la necesidad de luchar y sacrificarse por sacar el matrimonio adelante, por construir día a día ese proyecto común que se lleva de a dos y en el que está en juego la felicidad de los padres y de los hijos.
Deberían tomarse el tiempo de evaluar si son capaces de tolerar a clientes inoportunos y molestos, a jefes neuróticos y exigentes, ¿por qué no hacerlo, entonces, con nuestros cónyuges? ¿Por qué somos incapaces de reconocer que la falta de esfuerzo para superar los problemas matrimoniales implica inmadurez afectiva?
El matrimonio es un compromiso superior al contrato laboral, ya que no en vano se lleva a cabo en un Registro Civil; se celebra delante de un juez, y se establecen responsabilidades muy importantes con respecto a la crianza de los hijos que puedan venir. Además, para los cristianos es un sacramento.
Hoy en día, la inestabilidad no sólo es exclusiva del sistema laboral sino también de la familia, concretamente del matrimonio. Verse de un día para otro sin trabajo no es peor que verse sin familia ya que el desempleo no provoca menores males que los que provoca el divorcio. Ahí la razón de porque muchos reinciden.

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