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Editorial

A 40 años de la reapertura del Seminario Mayor San José
y la Cena de Pan y Vino

 

Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A.
Arzobispo de Panamá

Entre las instituciones diocesanas, la primera es el Seminario, como espacio privilegiado, es decir, escuela y casa de formación de discípulos y misioneros: ahí oran juntos, celebran la Eucaristía, reciben las enseñanzas que van iluminando su mente y moldeando su corazón para el ejercicio de la caridad fraterna y la justicia, viviendo una espiritualidad de comunión sólida con Cristo Pastor y docilidad al Espíritu Santo, para llegar a ser adecuados presbíteros.
En esta casa de todos, corazón de la Diócesis, el SEMINARIO MAYOR SAN JOSÉ--se acompaña y ayuda a los jóvenes que han escuchado la invitación de Jesús a seguirle a donde Él diga, dejándolo todo.
En el Seminario, un equipo de formadores y profesores, tienen, en nombre de toda la Iglesia diocesana, la delicada e importante responsabilidad de formar a los candidatos para el sacerdocio ministerial, de acogerles, hacerles fuertes en su vocación, discernir si han sido llamados de verdad. Gracias de corazón por tan importante servicio.
El Seminario Mayor San José cuenta en la actualidad con 53 candidatos. Puedo asegurarles, pues lo vivo día a día desde muy cerca, que reina un ambiente de gran serenidad, piedad personal y comunitaria, de estudio, de alegría, inquietud pastoral y misionera… Todo ello es garantía seria e idónea para la preparación de las nuevas generaciones de sacerdotes. Es cierto también, que, se puede más. También hoy, aunque pasemos por un cierto “tibieza vocacional”, el Señor sigue llamando.
Testigos de ello son los jóvenes que están en nuestros seminarios- San Liborio y Héctor Gallegos en Santiago; de San Antonio María Claret, en Colón, Santa María de la Antigua en Azuero, María Reina de los Apóstoles en, David; ellos son brotes nuevos que el Señor está haciendo nacer en nuestras Diócesis. Todo esto es un gran signo de esperanza: el saber que hay jóvenes, que teniendo todo lo que les ofrece esta sociedad de grandes de posibilidades y seguridades humanas, prefieren vivir en Jesucristo para servir en su nombre a los demás.
Por eso en los cuarenta años de reapertura del Seminario Mayor San José y de la feliz iniciativa de la Cena de Pan y Vino, sin duda son muchos los dones y los frutos que hemos recibido. Por eso, debe brotar una actitud de agradecimiento, a cuantos durante estos años nos han acompañado y ayudado a fin de que se acrecienten y maduren las vocaciones.

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