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El Señor nos ha enviado a ser buena noticia

Jesús, nos muestra su misión, “llevar la buena noticia a los pobres y la libertad a los prisioneros” (Cf. Is. 61, 1; Lc. 4, 18). Evangelizar a los pobres, esta es la misión de Jesús, y por tanto, es también la misión de la Iglesia y de cada bautizado en la Iglesia. Evangelizar a los pobres significa acercarse a los pobres, servirlos, liberarlos de su opresión, y todo esto por amor a Jesús, y no en nombre propio, sino de la Iglesia. Como dice el Papa Francisco, “no se trata de hacer asistencia social, y mucho menos actividad política, se trata de ofrecer la fuerza del Evangelio de Dios, que convierte los corazones, resana las heridas, transforma las relaciones humanas y sociales según la lógica del amor, porque los pobres, están en el centro del Evangelio”.
Jesucristo mismo nos da el ejemplo de “liberar al prisionero”, ya que él comía con los que eran prisioneros del pecado, con publicanos y prostitutas (Cf. Mt. 9,11); ofrecía el perdón al buen ladrón (Cf. Lc. 23,42); y preparaba un banquete a quien se había alejado de él para vivir preso del pecado (Cf. Lc. 15,22). Evangelizar a los pobres y liberar al prisionero con la misericordia, es la tarea de cada bautizado, esto significa que debemos acompañar y comprender a quien sufre el encarcelamiento no solo físico, sino también el espiritual en las cárceles del alcohol, de la droga, de la pornografía, o de otro vicio que encierra el alma y el cuerpo en la tristeza de la soledad y del abandono.

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