Comunidad de Esclavos de Jesús Sacramentado

La Comunidad Esclavos de Jesús Sacramentado nace como un grupo de hermanos y hermanas (Laicos), que optando por la esclavitud del amor de Dios, deciden conocer más y seguir a Jesucristo, camino verdad y vida. El grupo se inicia el 1 de enero de 2001 en oración a los pies de Jesús Sacramentado en la Iglesia San Isidro Labrador, en Soná de Veraguas. Siendo el coordinador en aquel entonces, el Diácono Alexander Arcia.
Desde entonces se establece normas, así como la espiritualidad por la cual sería erigido, como también el crecimiento numérico de sus miembros, ahora acogiendo a jóvenes y niños. Así se mantuvo por 4 años la unidad del grupo tomando a Jesús Eucaristía como centro de nuestra espiritualidad.
En el 2005 nace la rama consagrada masculina, dedicándose a la Adoración del Santísimo Sacramento respondiendo al llamado del Beato Juan Pablo II, en su encíclica: ECCLESIA DE EUCHARISTIA, y siguiendo al Papa Benedicto XVI, en EXHORTACION APOSTÓLICA SACRAMENTUM CARITATIS. Esta última centra su enseñanza de la Iglesia en el carácter fundamental de la ADORACIÓN EUCARÍSTICA en la vida eclesial, a través de una llamada a la adoración perpetua.
Los Esclavos de Jesús Sacramentado quieren responder a este llamado de la Santa Iglesia.
Recientemente el 1 de enero de 2012, surge la rama femenina bajo el mismo nombre: Comunidad Esclavas de Jesús Sacramentado; con el mismo carisma y la misma espiritualidad. Además teniendo en cuenta los mismos fundadores.
Para nosotros la Eucaristía, es el principio que todo lo activa, que todo lo pone en marcha, que todo lo hace funcionar desde su actividad vital desplegada. Sin ella todos los demás no tiene contenido ni tendría sentido ni fecundidad. La humanidad quedo en Cristo constituida en acción vital de alabanza y de acción de gracias al padre que no redimió y nos está redimiendo y nos tiene redimidos en el sacramento de la Eucaristía, como centro de la vida cristiana.
¿Quiénes somos?
La Comunidad Esclavos de Jesús Sacramentado, constituye por jurisdicción una asociación de derecho diocesano. Aprobada bajo Decreto nº66, por nuestro Obispo Oscar Mario Brown Jiménez en la Diócesis de Santiago de Veraguas, el 31 de marzo de 2011. Por la cual se crea la Asociación Pública de Fieles la Comunidad de Esclavos de Jesús Sacramentado. Fundada por el Padre Alexander Arcia y el Hno. Iván Pineda.
Somos una comunidad formada por consagrados/as (sacerdotes y Hermanos/as) y laicos agregados comprometidos que comparten nuestro carisma y espiritualidad.
Dedicados a transmitir al pueblo de Dios la presencia viva de Cristo Eucaristía, proclamando que Jesús está presente en la Hostia Sagrada.
La presencia de Jesús en la Eucaristía es la manifestación profunda de su amor y de su deseo de hacer presencia en medio de nosotros; así se cumple su promesa: “He aquí que estoy en Vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. (Mt. 28, 20). Por eso queremos promover la Adoración (Pública Perpetua) de Jesús en el Santísimo Sacramento.
Así lo muestra nuestros estatutos de nuestra asociación (comunidad), buscando promover la práctica de Adoración (alabanza u oración) Eucarística; motivando a los fieles a elegir un momento semanal para la Adoración o visita a Jesús Sacramentado. Con esto queremos lograr amar y hacer amar a JESÚS verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento.
Creemos que por “la Adoración Eucarística, el cristiano contribuye misteriosamente a la transformación radical del mundo y a la germinación del Evangelio. Toda persona que ora al salvador atrae así a todo el mundo y lo lleva a Dios. Los que están ante el Señor cumplen un servicio eminente…” Juan Pablo II. Es decir que dando al Señor, por la Adoración Perpetua, el honor y la gloria que corresponden a su nombre proclamamos a JESÚS REY EUCARÍSTICO (Ap. 11,17; 19,6). “Que nuestra Adoración no cese nunca jamás…”Juan Pablo II. Jesús nos espera en su SACRAMENTO DE AMOR.
¿Quiénes son los sacerdotes?
Hombres consagrados a Dios por medio de la profesión de los consejos evangélicos y por el sacramento del orden sacerdotal. Viviendo en comunidad y compartiendo la vida fraterna. Como ministros servirán al pueblo de Dios, mediante la Eucaristía, administración de los sacramentos y otras tareas pastorales.
¿Quiénes son los hermanos y las hermanas?
Son hombres y mujeres, que a través de la profesión los votos de castidad, pobreza y obediencia, nos comprometemos a vivir una vida dedicada al servicio del Señor y de la gente, en un espíritu de oración dentro de la comunidad.
Ser hermano significa vivir y compartir un amor fraternal. Por eso nuestra vocación es de reciprocidad e igualdad. Como hermanos y hermanas (religiosos/as) proclamamos que, somos uno con todos, en el trabajo, en la alegría y en sufrimiento. Por eso es nuestro cuarto voto de comunidad: Consolación.
Nuestro voto de consolación (Is.40), nos lleva ser puente para que los hijos de Dios lo conozcan y experimenten su misericordia sobre todo en los momentos de prueba.
Nuestra espiritualidad
Se centra en una espiritualidad eucarística, dedicando nuestra vida a Dios en la identificación con Cristo eucaristía, en la adoración perpetua de este sacramento de amor, es Cristo mismo habitando entre nosotros. Nos configura con Cristo sacerdote y víctima en el misterio de la eucaristía. Otros elementos de nuestra espiritualidad son:
Mariana: Siguiendo el ejemplo de María, la primera esclava y como modelo de vida eucarística poniéndola bajo su protección.
Carismática: Nos inspiramos en la acción del espíritu santo abriéndonos y participando de su riqueza carismática.
Eclesiástica: Apegada, fiel y en comunión con el magisterio de la iglesia fruto de la Eucaristía.
Nuestro carisma
Los sacerdotes, hermanos y hermanas nos consagramos para cultivar intensamente en la iglesia católica, una espiritualidad eucarística. Ante Jesús eucaristía oramos personal y comunitariamente encomendando nuestra vida y trabajo al señor, tomando en cuenta:
La adoración: Es el alma de todo nuestro trabajo apostólico. Procuramos con nuestro testimonio que el misterio eucarístico sea considerado en todos sus aspectos y brille ante los ojos de los fieles con el esplendor debido. Es el acto más sublime del corazón humano y adoración a Dios Padre en espíritu y en verdad.
Misión: Es nuestra respuesta comprometida, como fruto de nuestra adoración y oración, haciendo la voluntad de Dios: nuestro llamado es para servir al señor en la fracción del pan sintiéndonos enviado por Él a anunciarlo al mundo (Mc, 16, 15)
Oración: Para nosotros la oración personal y comunitaria es el espacio de encuentro con Dios, que inspira y sostiene el ritmo de cada día: desde la palabra de Dios y la Eucaristía, que nos ayudan a descubrir la grandeza de lo gratuito y el desafío de la llamada.
Es decir, nuestro carisma se fundamenta en nuestra vida espiritual con la misa diaria y la adoración al Santísimo Sacramento. Queremos fomentar un espíritu de adoración donde quiera que estemos, tratando de ponernos espiritualmente a los pies del sagrario donde el Señor está presente.
Nuestro Apostolado
Como miembros de la iglesia católica la Comunidad de Esclavos de Jesús Sacramentado, tiene como misión servir a Dios, como sacerdotes, hermanos y hermanas en las diversas necesidades de la Iglesia, en Parroquias, extendiéndose a colegios, hospitales, cárceles y en donde se despliegue la acción misionera. Sea cual sea nuestro ministerio, estamos dispuestos a acudir donde las necesidades nos exijan, a través de retiros, eventos, conferencias predicaciones, catequesis; todo enmarcado en una formación eucarística.
Ministerios y grupos
Como comunidad religiosa valoramos nuestra vocación misionera, como una gracia especial; sintiéndonos comprometidos con la obra de la Iglesia, disponiéndonos a trabajar con niños, jóvenes y adultos, en distintos ministerios y grupos como: música, danzas, liturgia, acólitos…
Contamos además con una escuela de evangelización, realizando el mandato de Jesús: “Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva…” (Mt.16, 15) formando evangelizadores; teniendo como visión que evangelizar se aprende evangelizando.
Nuestra comunidad se define no por lo que hace sino por lo que está llamada a ser. Queriendo responderá DIOS, desde el evangelio con el fin de ganar a todos para CRISTO… (1ªCor. 9, 19-23).
La Eucaristía nos exige vivir la fraternidad. La Eucaristía nos lleva al servicio y a la entrega a los demás; impulsándonos a la misión. Vayamos pues, siendo testigos de la fidelidad a nuestra identidad eucarística, llevando el evangelio de la Eucaristía a todos los lugares para que no haya Eucaristía sin hombre y hombres sin Eucaristía.


Nuestro voto de consolación, nos lleva ser puente para que los hijos de Dios lo conozcan y experimente su misericordia.

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