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Entrevista
a:
Sor Esther Rodríguez
Directora del Colegio Agustiniano Nuestra Señora del Buen Consejo en
Chitré

La educación católica
separatas@panoramacatolico.com
¿Qué aporta el modelo educativo de los colegios católicos?
En Panamá la FECAP (Federación de colegios católicos de Panamá) somos 45
colegios federados. Cuando hablamos de modelo educativo, estamos
hablando del enfoque pedagógico y de los referentes que están en la base
de las concepciones fundamentales que orientan el quehacer educativo de
toda escuela, es decir, los valores explicitados en el Proyecto
Educativo de Centro que dan coherencia a los retos o necesidades que
asumimos en el contexto cultural, social o económico en los que están
insertos nuestros centros educativos.
Y es que detrás de cualquier orientación educativa, hay una antropología
que la sustenta y la condiciona por las respuestas que dé a las
siguientes preguntas: ¿cuál es la raíz y fundamento del valor y dignidad
de un ser humano?; ¿es todo ser humano respetable o sólo quién se lo
merece?; ¿existe en el dinamismo social de los seres humanos algún valor
que se deba anteponer al de la vida humana misma?
Las respuestas han sido y siguen siendo muy diversas en las sociedades a
lo largo de los siglos. La respuesta de una escuela católica o su punto
de partida es y será siempre: Cristo, centro de nuestro quehacer, quien
da sentido a lo que somos, pensamos y actuamos en la cotidianidad
escolar; la percepción y apreciación humano-cristianas del hombre como
«Proyecto de Dios», portador de ilimitados valores latentes y sujeto
auto determinante y libre de su propia existencia, como diría San
Agustín, pero que lo libera del falso concepto de autonomía donde el
hombre pierde de vista que ha sido creado para el dialogo, que para ser
él mismo necesita de los otros: del “tú” y “nosotros”. Y frente al
relativismo y escepticismo, recuperar las claves del lenguaje de la
naturaleza y de la Revelación como fuentes de valores válidos para el
presente y el futuro. En esta línea vamos caminando siempre y
revisándonos.
¿Cuáles son los nuevos desafíos que enfrenta la educación
católica?
Bueno... las preguntas dan para un libro cada una y no es fácil hacer
una síntesis sin quedar con la sensación de una excesiva simplificación.
Será más fácil quizás responder con otras preguntas partiendo de una
fundamental: ¿cómo ser discípulos o misioneros, testigos creíbles, del
gran tesoro que portamos? ¿Cómo ser creativos para responder a la misión
de ofrecer una educación integral (que unifica al ser humano) en lo
humano, social, trascendente desde el ser de Jesucristo en nuestra
realidad, y desde unos valores que pongan constantemente sal y luz a
nuestra oferta educativa, y den unidad y coherencia a nuestras
actuaciones como comunidad educativa y en la comunidad a la que
servimos?
Cuando hablamos de escuela cristiana católica, hay un desafío constante
que sería hablar todos de alumnos, familias y sobre todo de docentes
creyentes (aun en medio de las dificultades) que somos capaces de vivir
la dignidad de creer, la dignidad que el hombre recibe de su fe en un
Dios digno a su vez de ser creído; como un gesto colectivo y comunitario
de provocación y de desafío que ofrece una comprensión coherente y
original del mundo y de la historia; una alternativa a las ideologías
dominantes, al pensamiento único que no admite ni tolera concurrentes
(como bien lo expresa E. B. De la Fuente, en su libro La dignidad de
creer). La originalidad y la maravilla de la fe cristiana es la dignidad
que aporta al ser humano y que necesita de lugares creíbles como la
familia, la escuela, las relaciones que se entablan en la cotidianidad
para dar significado a su realidad. Esto va más allá de planes, métodos,
instrumentos, técnicas en los que estamos inmersos cada día como
escuela.
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