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María de Cleofás

María de Cleofás en el entierro de Cristo. Caravaggio.
Pía Compagnoni
«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre,
María, mujer de Cleofás, y María Magdalena» (Jn 19, 25). Según el
escritor cristiano del siglo IV, Eusebio de Cesarea, Cleofás era hermano
de José y tío de Jesús. Eusebio se funda en una antiquísima tradición
trasmitida por el escritor Hegesipo que se remonta al año 180, es decir,
a los albores del cristianismo. Este mismo escritor, Hegesipo, señala:
"Y después de que Santiago el Justo hubo sufrido el martirio, lo mismo
que el Señor y por la misma razón, su primo Simeón, el hijo de Cleofás,
fue constituido Obispo. Todos le habían propuesto por ser el otro primo
del Señor" (Hist. Ecles. IV, 22).
Cleofás, forma abreviada de Kleopatros, llamado también Alfeo, era padre
del apóstol Santiago el Menor, primer Obispo de Jerusalén, autor de la
Epístola de Santiago, quien es llamado por San Pablo "columna de la
Iglesia" (Gal 2, 9). Por su parte, María de Cleofás es la misma persona
que llama San Mateo "la otra María": «María Magdalena y la otra María
fueron a ver el sepulcro» (Mt 28, 1).
La tarde de Pascua, Jesús se apareció a Cleofás y a un compañero suyo
que iban a Emaús, y les reprochó: «¡Qué torpes sois para comprender y
qué cerrados estáis para creer lo que dijeron los profetas!» (Lc 24,
25). Más adelante, cuando estaba «sentado a la mesa con ellos, tomó el
pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se
les abrieron los ojos y lo reconocieron» (Lc 24, 30-31). Hay que tener
en cuenta que los judíos de hoy usan esos mismos gestos; el padre o el
huésped bendice la mesa, agradeciendo al Señor, y después toma el pan,
lo parte con la mano y hace tantos trozos como son los comensales. A
Jesús le reconocieron por la manera de partir el pan; también tenía un
especial modo de llamar a la Magdalena: un modo que ella reconoce (ver
Jn 20, 16).
San Lucas nombra a otro discípulo, sin registrar su nombre, compañero de
viaje de Cleofás. Algunos se han preguntado si era una mujer. El padre
Carlo María Martini lo excluye categóricamente y da la razón: Jesús
reprendió a los dos en el curso del viaje, cosa que no hizo nunca con
mujeres. Sin embargo, la tradición local de los primeros siglos del
cristianismo ve en este segundo discípulo anónimo al hijo más joven de
Cleofás y de María, es decir, a San Simeón el Zelota, mencionado por San
Lucas (Lc 6, 15; Hch 1, 13), o el Cananeo (Mt 10, 4; Mc 3, 18). Sabemos
que después de la muerte de Santiago el Menor, Simeón fue elegido Obispo
de Jerusalén, y murió mártir, crucificado como Jesús, después de haber
pasado 40 años al servicio de la Iglesia Madre de Jerusalén. También
Cleofás murió mártir en Emaús.
Los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa van a Emaús–Qubeibe dos
veces al año en peregrinación: el primer lunes de Pascua y el 26 de
septiembre, festividad de los santos Cleofás y Simeón. En otros
calendarios, San Simeón es recordado el día 27 de abril. María de
Cleofás es recordada el 24 de abril junto con otras discípulas del
Señor.
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