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Religiosidad popular: la Iglesia debe purificarla

Los primeros españoles que divisaron las costas del norte de Panamá fueron Rodrigo de Bastidas en 1501 y luego Cristóbal Colón en 1502 cuando en su búsqueda de un paso hacia las Indias Orientales recorrió y bautizó un pequeño caserío de pescadores, que llamó Puerto Bello.

En 1542 se implantó el sistema de Ferias de Galeones en el Istmo de Panamá. La poca protección que ofrecía la Bahía de Nombre de Dios se trasladó al poblado de Portobelo lugar que ofrecía las ventajas de una amplia, profunda y abrigada bahía, propia para la instalación de un sólido sistema de defensa.

Cuentan que el Cristo Negro de Portobelo llegó de manera fortuita a esta añeja villa del Caribe panameño, allá por 1658, aunque algunos fijan el 21 de octubre su arribo, aún sin estar documentado.

Rápido se difundieron los milagros del Nazareno, que ocupó un altar en la iglesia local dedicada a San Felipe, y con la misma agilidad se inició desde entonces la peregrinación de fieles.

Muchos peregrinos recorren a pie más de siete horas desde Sabanitas, a 35,7 kilómetros de distancia, porque así agradecen al santo benefactor, que desde su altar mira triste, porque ese fue el semblante que le dejó impreso el artista anónimo europeo, allá por el Siglo XVII.

¿Cuándo y cómo llegó esta imagen a la humilde población de Portobelo? Hay varias versiones de la leyenda. Una cuenta que la imagen del Nazareno llegó a finales del siglo XVIII, en un barco cuyo destino era Perú, pero por el mal tiempo tuvo que desembarcar en Portobelo.

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