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Procura educar a tu hijo en la sinceridad

No debemos esperar a que nuestro hijo mienta en algo importante o adultere sus notas escolares para comenzar a preocuparnos por educarlo en la virtud de la sinceridad. La sinceridad es una virtud, requiere por lo tanto actitudes positivas para su crecimiento, no sólo se deben combatir las mentiras y los engaños, sino que es nuestro deber transmitir a los niños el amor a la verdad.
No se trata de sermonear constantemente a nuestros hijos, sino de aprovechar cada oportunidad para influir sutilmente en el acrecentamiento de su amor a la verdad.
El niño debe entender que “decir la verdad es bueno”, para esto es necesario que entienda que, aunque le traiga algunos problemas, “decir la verdad” aumentará la confianza que los padres y amigos tienen en él.
Si, diciendo siempre la verdad, le vas dando cada vez más libertad y responsabilidades, porque crees más en él, comenzará a ver la sinceridad como algo muy positivo. Será algo que deba practicar él para contar con la confianza de sus padres, y algo que deben tener aquellas personas en quienes quiera él mismo confiar.
Cuando sea sincero, debemos aprovechar la ocasión para reforzar después la bondad de su acción, para que sea consciente del valor que tiene decir la verdad, lo bien que ha actuado y el significado positivo que tiene esto para nosotros.
La educación en la sinceridad ayudará también al niño a saber elegir sus amigos, pues procurará que éstos sean chicos sinceros.
La mentira le resultará incómoda y poco compatible con la confianza que debe reinar en su grupo, de forma que tenderá a ser más exigente con sus compañeros. Otra consecuencia será que evitará mentir a sus amigos y aprenderá a valorar más la amistad, como un compromiso de sinceridad.

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