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A poner la otra mejilla

Cuando entré a la pastoral juvenil mi asesor fue bien claro en decirme a mí y a un grupo de nuevos miembros que seríamos señalados y criticados por seguir a Jesús, que probablemente perderíamos amigos y que el camino no sería color de rosas, tendría piedras que nos golpearían duro y que los retos se intensificarían, sin embargo, si de verdad queríamos ser felices, valdría la pena cada obstáculo.
¿Y por qué terminaba en la mala mira de estas personas? Pues por hacer lo correcto, por defender lo anticuado y espiritual y por denunciar lo que no me parecía bien. Y fue en esos momentos grises donde me acordé de las palabras de mi asesor, comprendiendo entonces que sí, seguir a Jesús tiene su cruz pero hay que cargarla con amor.

Entonces, a partir de esa filosofía empecé a concentrarme en lo que me edificaba y fortalecí mi barrera de críticas para recibirlas con amor. Si alguien se burlaba o criticaba por redes sociales, no iba a responder de vuelta o generar indirectas, simplemente seguía haciendo mi trabajo con amor.
Y con todo esto quiero dejarte una breve reflexión: hay que ser agentes de paz, ejemplos de bien y sobre todo, aprender a poner la otra mejilla. Si nos sentimos felices con nuestros ideales, no nos dejemos consumir por los malos tratos o críticas, las personas que buscan hacerte sentir mal ganan cuando ven que eso te afecta y la mejor medicina no es devolver el mandado con rencor o venganza, sino demostrar que eso no interfiere en nuestra vida y mucho menos en nuestras ganas de seguir haciendo lo que amamos. Por eso, haz lo que te haga feliz y no permitas que nadie condicione como debes vivir ni como debes afrontar tus situaciones, los que te aman te ayudarán de buena fe y a los que no les interesas realmente, buscarán hundirte. Tú decides si aprendes a nadar o si continuas dependiente a los individuos errados.

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