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Pobreza y desigualdad tienen rostro femenino

“Que nadie se quede atrás”,  definieron este lema para seguir trabajando con mayor fuerza en los Objetivos de Desarrollo Sostenible ODS, herramienta que permitirá un mundo más equitativo con igualdad de derechos para mujeres y hombres.

En esta jornada realizada del 6 al 8 de noviembre se comprometieron cada uno desde sus países a incidir en la planificación de los gobiernos y organismos regionales, para así resolver problemas sociales, económicos y medioambientales que afectan a los más pobres.

Monseñor José Luis Azuaje, Presidente Cáritas de América Latina y el Caribe, afirmó  que el espacio sirvió para revisar las condiciones de la mujer y cómo pueden participar en temas relevantes como migración, seguridad alimentaria, violencia y salud, destacando su incidencia en políticas públicas. 

Explicó que desde el método Ver, Juzgar y Actuar, analizaron la realidad de lo que sucede en esta sociedad que se mueve tan vertiginosamente. “Confrontamos ese contexto con la Palabra de Dios y del proyecto que el Señor quiere para con la mujer. Desde la Iglesia podemos tener una palabra profética que pueda incidir en bien de su protagonismo en la sociedad”, aseguró el Obispo.

Desde esta instancia latinoamericana proponen elementos que los países desde su propia realidad pueden programar y enfrentar. Azuaje subraya que desde la Iglesia se tiene una idea fuerza que es promover la dignidad de la persona.

Capacitación sobre los ODS

Mujeres de las cuatro zonas de Latinoamérica y el Caribe (Bolivariana, Cono Sur, Camex y Caribe), que trabajan activamente en la pastoral social así como también directores de las Cáritas de estos países coincidieron en la necesidad de implementar los Objetivos de Desarrollo Sostenible para comenzar a erradicar el hambre, la pobreza.

Martina Liebsch responsable de Incidencia de Cáritas internacional en Roma advierte que los ODS son un conjunto de objetivos establecidos para acabar con la pobreza mundial, adoptados por las Naciones Unidas en septiembre de 2015 y se mantendrán hasta 2030.

Señala de manera enfática que la Iglesia tiene mucho que aportar, vienen trabajando los mismos temas que los ODS plantean. “El Papa Francisco nos pide a los cristianos ir a las periferias, mirar el sufrimiento que no se ve, que amemos a los pobres de verdad y con obras” dijo.

De allí la conexión con los ODS, la Iglesia Católica cuenta con una red extraordinaria a través de sus parroquias y capillas, lo que permite llegar a todos sin dejar a nadie atrás.

Cáritas cuenta con 165 miembros a nivel global con los que impulsa la acción católica en comunidades alrededor del mundo. Liebsch asegura que las voces de los pobres estimulan la implementación eficaz de estos objetivos, “podemos responsabilizar a los gobiernos en sus compromisos”. 

En el encuentro se dio el espacio para la capacitación de procesos de incidencia, en el plano político, que dé respuesta a las demandas de las comunidades.

Experiencias compartidas

La jornada, organizada por el Secretario Latinoamericano y del Caribe de Caritas, SELACC; en conjunto con el Departamento de Justicia y Solidaridad, DEJUSOL, buscó promover la dignidad de  la mujer como un mandato del Señor, proponiendo elementos que los países desde su propia realidad pueden programar y enfrentar.

Francisco Colón, de Cáritas República Dominicana manifiesta que en su país actualmente están fomentando iniciativas productivas en las madres de familia, ofreciéndoles la oportunidad de aumentar sus capacidades que les permitan desarrollar procesos de producción. Crían gallinas ponedoras y a la vez estimular técnicas emprendedoras para la comercialización de huevos, permitiéndoles generar ingresos adicionales para el sustento de su familia.

También tienen otro proyecto enfocado en 10 huertos familiares, como medios de vidas. Este ayudará a prosperar la armonía en el hogar, el esposo va tener apoyo en la producción de rubros agrícolas pero debe involucrar a su mujer en la administración de la producción, que sean dos en uno en la acción del crecimiento de la familia.

“Si la pareja no tiene cómo producir, tiende a crear un nivel de violencia por esta carencia. Pero si la mujer es productiva, contribuye a que tenga mayor armonía y seguridad en el aspecto de la alimentación”, explicó.

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