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Esta semana compartimos un
pequeño texto del libro de Job. Con su testimonio, un
pensamiento que se mueve en el interior del hombre se ve
solucionado: ¿por qué si hago lo que Dios me pide, todo me sale
mal?
Job fue un hombre caritativo y misericordioso con todos, hasta
que un buen día las cosas empezaron a cambiar. Miramos su vida y
nos percatamos que todo lo va perdiendo, todos sus bienes
materiales, su confianza en un mañana nuevo, entra en crisis;
las carencias que experimenta, lo hacen profundizar el sentido
de la vida: “estamos en la tierra cumpliendo un servicio” su
filosofía de la vida es servir. “La vida es un soplo”, no nos
debemos aferrar a esta.
La recompensa del hombre, no está en lo mucho que tiene, ni
siquiera en lo mucho que hace…la recompensa del hombre está, en
la confianza depositada en su Creador. |
Job fue un hombre sabio.
Nos ha predicado con su vida, un mensaje claro de apego a la
voluntad de Dios. Otro tipo de predicación, es aquella en la que
se requiere llevar una palabra clara, convincente y verdadera.
En la segunda lectura de hoy, san Pablo aclara que, el servicio
de predicador que él ejerce, es una llamada de Dios mismo.
De esta manera, no predicar, sería una falta a la voluntad de
Dios: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” En el apostolado
de predicador, hay que tener en cuenta la pedagogía de Pablo: no
cobrar por predicar y hacernos uno, con los que queremos invitar
a la conversión. Un buen predicador, nos enseñará Jesús,
fundamenta su discurso en una vida de profunda intimidad con
Dios.
Es en la oración que encuentra su energía y creatividad diaria.
Cuando el predicador se olvida de estos principios, empieza a
cobrar por lo que predica, habla nada más de él y su predicación
termina siendo estéril. |
El texto de Marcos, nos
refiere a una jornada en la vida de Jesús. De la sinagoga, pasa
a curar muchos enfermos y poseídos; luego, se marchó a orar.
Predicación- milagros-oración. Podríamos proponernos una ruta
para cada día: oración de la mañana- familia- trabajo- -oración
de la noche.
Siempre iniciar el día con una oración, aunque tenga que ser
corta, pero no apresurada, breve pero profunda, que logre
encontrarse con Dios. Hay salmos para recitar al amanecer: “Por
la mañana escucharás mi voz” (salmo 5) y otros, nos ayudan en la
noche: “Dios no duerme ni de día ni de noche” (salmo 121).
Para esta semana, el ejemplo de Job, nos impulsa a cuestionar,
nuestra actitud frente a los bienes materiales, nuestro apego a
las personas y a las cosas. ¿Mi testimonio cristiano, es debido,
a lo que Dios me da o a lo que espero recibir? Los hermanos, que
atraviesan situaciones difíciles, pueden encontrar en el libro
de Job, una muy buena lectura espiritual. |