Unidos por la victoria de Cristo

 

José-Román Flecha Andrés

“La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. La razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad. Ésta nace de una vocación trascendente de Dios Padre, el primero que nos ha amado, y que nos ha enseñado mediante el Hijo lo que es la caridad fraterna”.
Son impresionantes y muy verdaderas estas palabras de Benedicto XVI, en su encíclica “La caridad en la verdad” (n. 19). Los modernos medios de comunicación nos han acercado más que nunca a todos los habitantes del planeta. Pero no siempre nos llevan a descubrir el don y la tarea de la fraternidad.
Si las discordias, las guerras y los atentados terroristas pueden tener motivos económicos o políticos, con frecuencia desencadenan graves conflictos religiosos. Sin embargo, la fe en Dios no debería ser causa de odio sino motivo para fortalecer el amor. Esto vale especialmente para los creyentes en Jesucristo.
Desde el día 18 al 25 de enero los cristianos del hemisferio norte celebramos una semana de oraciones pidiendo a Dios el don de la unidad para todos los que reconocemos a Jesucristo como nuestro Maestro y nuestro Señor. En los países del hemisferio sur, que ahora disfrutan de sus vacaciones de verano, este octavario suele trasladarse al tiempo de Pentecostés, tiempo del Espíritu del amor y la unidad.
Las oraciones que se nos proponen este año han sido preparadas por un grupo de cristianos de Polonia -católicos, ortodoxos y protestantes- y han sido asumidas por los organismos responsables tanto de la Iglesia Católica como del Consejo Ecuménico de las Iglesias. Inspirado en un texto de San Pablo (1 Cor 15, 51-58), el lema que las motiva afirma que “Todos nosotros seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo”.
Es interesante esta llamada de atención sobre el poder transformador de la fe en Cristo. En efecto, la victoria de Cristo vence a la muerte, pero nos lleva también a superar durante la vida nuestras diferencias y olvidos, nuestros prejuicios y rencillas. La victoria de Cristo se realiza en el servicio mutuo, en la acogida y el apoyo que prestamos a los que son considerados como los últimos, los olvidados y los excluidos.
Hay grupos que se dicen cristianos y ponen todo su interés en desprestigiar a otros grupos cristianos. Pero Cristo no puede ser un arma arrojadiza. Se excluye a sí misma del espíritu de la Iglesia del Señor la comunidad que se dedique a atacar y negar los valores religiosos que caracterizan a otras comunidades cristianas.
La victoria de Cristo ha de transformar nuestras mentes y nuestros corazones, nuestras ideas y nuestras decisiones, nuestro querer y nuestro actuar, nuestros recuerdos y nuestros acuerdos. Ese es el objeto de esta semana de oraciones por la unión de todos los cristianos.

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