|
Homilía clausura de la Asamblea Diocesana
de Pastoral
Mons. José Domingo Ulloa Mendieta o.s.a
Arzobispo de Panamá
Su
Excelencia Mons. Andrés Carrascosa Coso Nuncio Apostólico
Queridos hermanos en el Episcopado
Queridos Sacerdotes, diáconos, religiosas, seminaristas
Rvdo P. Prior Provincial
Rvdo P. Benjamín Ayechu
Queridos hermanos y hermanas en el Señor Jesús.
Quiero expresar mi alegría de encontrarme con todos ustedes para
celebrar esta Eucaristía, en el día domingo, en el día en que Cristo ha
vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal- y con
ocasión de esta Segunda Asamblea de Pastoral Nacional.
La liturgia de este segundo domingo del tiempo ordinario nos invita a
reflexionar sobre una gran realidad que ilumina el porqué de nuestra
presencia aquí y el porqué de esta Asamblea. Quien no está convencido no
convence. Nuestro ser cristiano inspira en la medida en que nosotros
mismos como Andrés estemos convencidos de aquello que somos.
Cuando Andrés encontró a Jesús fue a anunciarlo y testificarlo a su
hermano. Estaba seducido por las palabras del predicador de Nazaret y no
podía dejar de hablar de su experiencia vital de aquel día a las cuatro
de la tarde.
Andrés estaba tan convencido que fue capaz de atraer a Simón Pedro para
que dejara redes y barca, y se alistara para ser pescador de hombres.
Y es que si estamos convencidos de lo que hemos visto y oído, entonces
basta que encontremos a alguien para que le compartamos el testimonio de
nuestra experiencia vivida.
Andrés nos cuestiona con agresividad: Cuando permanecemos pasivos y no
logramos convencer, lo más seguro es que nosotros mismos no estamos
convencidos ni seducidos.
Y es que el que ha escuchado seriamente las palabras de Jesús y lo ha
experimentado, no puede más que a buscar a su hermano y logra traerlo
a Jesús. Y esta es la misión de cada uno de nosotros dar a conocer a
Jesús.
Así pues, por los frutos de nuestro testimonio podríamos darnos cuenta
qué tan convencidos estamos de aquello que anunciamos o enseñamos. Desde
esta perspectiva podemos entender la importancia que tiene para nuestra
Iglesia esta Asamblea de Pastoral.
Cuando confesamos que la Iglesia es ante todo comunidad, comunión,
estamos diciendo que es ASAMBLEA. Y es que “IGLESIA”, por su
origen etimológico, significa asamblea de convocados, reunión de los
llamados a compartir y testimoniar la fe en el Señor resucitado.
Asi mismo, cuando decimos que la Iglesia es el sacramento de la unión
con Dios y del género humano entre sí, estamos afirmando lo mismo: la
Iglesia es ASAMBLEA de los creyentes, unidos en su peregrinar hacia
Dios, que culminará precisamente en la ASAMBLEA gloriosa y eterna de los
santos.
Es por ello, que precisamente todo el misterio de la Iglesia
tiene su fuente y su cima en una asamblea: la asamblea
eucarística, memorial de la cena del Señor y centro de la vida de la
Iglesia.
Es aquí que todo el dinamismo eclesial se realiza también
a base de asambleas, encuentros, eventos comunitarios: asambleas de
oración, asambleas de estudio, asambleas de pastoral, asambleas
episcopales, asambleas parroquiales, asambleas diocesanas, asambleas
nacionales...
Este sentido eclesial es fundamental para entender y vivir lo que
estamos celebrando: una ASAMBLEA, es decir una manifestación y
expresión de la vida de la Iglesia; una vivencia de comunión y diálogo;
un encuentro con el Señor y con los hermanos, un momento de gracia en el
que juntos somos Iglesia y juntos queremos renovar nuestra fidelidad en
el seguimiento de Cristo y en el anuncio del Evangelio del Reino.
1. ASAMBLEA NACIONAL DE PASTORAL
La Conferencia Episcopal Panameña, después de más de veinte años, ha
convocado a la II ASAMBLEA NACIONAL PASTORAL o DE PASTORAL, para “animar,
agradecer y dinamizar la vida de la Iglesia panameña, para que todos
tengamos vida en Cristo”. Es el lema y el objetivo de esta Asamblea,
en la que hemos estado participando, obispos, sacerdotes, diáconos,
religiosas, religiosos, seminaristas, laicos comprometidos
representantes de las distintas diócesis del país.
El gozo que expresara el salmista al cantar “vean qué paz y qué alegría
convivir los hermanos unidos” (salmo 132) se hace realidad hoy entre
nosotros, al encontrarnos con todos nuestros Pastores y sentirnos
representantes de toda la Iglesia panameña, de todas las comunidades
católicas de la República, de todo el pueblo de Dios que peregrina en
esta tierra “chiquitita y cristiana” bajo el amparo de nuestra patrona
Santa María la Antigua.
2. MARCO DE LA CELEBRACIÓN DE LA ASAMBLEA
La Iglesia Panameña, viene desarrollando este proceso de renovación
pastoral en respuesta al llamado que el Papa Benedicto XVI y los Obispos
de América Latina hicieron en Aparecida (Brasil) a todos los católicos
para ser “discípulos y misioneros”, protagonistas de una misión
permanente para que todos, especialmente los alejados y los que sufren,
encuentren su vida en Cristo.
Unido a este proceso estamos próximos a para celebrar un Año Jubilar por
los 500 años de la llegada del Evangelio al Istmo, con la creación de la
primera Diócesis de Tierra firme bajo el Patrocinio de Santa María la
Antigua. Este Año jubilar comprendes este 2012 al 2013, y lo
proclamaremos e inauguremos solemnemente el 28 de noviembre de este año.
Año durante el cual se desarrollará la Misión nacional y cuyo fruto, por
la gracia de Dios y el esfuerzo de muchos creyentes, no se quedará en
una simple memoria o celebración, sino que nos ayudará a ser mejores
cristianos, a hacer una Iglesia más fiel y a comprometernos más, con
todos los panameños de buena voluntad en la construcción de un Panamá
más justo, más fraterno y más humano. Un Panamá sin violencia,
respetuoso de la vida y de los derechos humanos, justo y solidario,
atento a los pobres y marginados...).
3. PROCESO DE LA ASAMBLEA
Durante la asamblea, hemos vivido días en fraternidad y en comunión,
preocupados y ocupados por la vida espiritual de nuestras queridas
diócesis. Hemos sentido gratitud por la fe recibida en el pasado;
el compromiso de conversión personal hacia el futuro, y la
necesidad de renovar hoy todo lo que la Iglesia hace para cumplir su
misión, es decir su acción pastoral, centrada siempre en el anuncio
de la buena noticia de Jesucristo (pastoral profética o de la
Palabra), la celebración de la fe en las comunidades (pastoral
litúrgica o de los sacramentos) y en la vida cristiana entendida
como servicio solidario y fraterno (pastoral social o de la caridad).
Asamblea que, como hemos dicho varias veces, no es sólo esta jornada
sino un proceso que comenzó hace un año con la realización de las
asambleas diocesanas: Damos gracias a Dios por este camino recorrido
por todos, por el esfuerzo y el trabajo escondido de muchos, por el
aporte –pequeño o grande- de cada uno.
Porque, de distintas maneras todos hemos sido protagonistas de un
proceso participativo amplio, serio y orgánico, que expresa lo más
genuino de nuestra vida diocesana: sus luces y sus sombras; lo que vamos
logrando y lo que aún nos falta, nuestras posibilidades y nuestros
límites.
4. RESULTADOS DE LA ASAMBLEA
No es éste el momento de comentar el contenido de nuestro trabajo,
en esta asamblea. Eso lo dejamos para una próxima Carta Pastoral en la
que retomaremos los objetivos que juntos hemos discernido y los
propondremos a todas la diócesis para que orienten su tarea pastoral en
los próximos años.
Sin embargo quiero, sí, reflexionar con ustedes brevemente sobre lo que
-me parece- es la principal riqueza de nuestro trabajo: hemos puesto
nuestra mirada en Jesús y a Él lo hemos puesto en el centro de
nuestra reflexión.
Lo cierto es que –como expresa el objetivo general-“ANIMAR,
AGRADECER Y DINAMIZAR LA VIDA DE LA IGLESIA PANAMEÑA PARA QUE TODOS
TENGAMOS VIDA EN CRISRO” CON ETSE OBJETIVO: la Iglesia vuelve a
tomar conciencia de lo que és la médula del Evangelio: el encuentro
con Jesucristo.
Y no podía ser de otra forma. Es que la catequesis sin encuentro
con Jesucristo es mera doctrina y conceptos; la liturgia sin
encuentro con Jesucristo es ritualismo vacío y alienante; el servicio a
los pobres sin encuentro con Jesucristo es mera filantropía,
cuando no manipulación ideológica.
Tal como nos lo presenta la lectura de hoy: el cristianismo es
encuentro con Jesucristo o no es nada.
Un encuentro siempre renovado, que transforma la persona y la hace
constructora de una historia nueva. Sin este encuentro no hay verdadera
vida cristiana, ni compromiso, ni misión. Por eso, es una inmensa gracia
de Dios que hayamos puesto a Jesús en el centro de nuestro camino
pastoral; es una gracia de Dios y es un signo de la madurez espiritual
de nuestra comunidad diocesana.
No tengamos miedo de avanzar en esta línea. El encuentro con
Jesús, si es verdadero nos llevará a crecer en la misión y en la
solidaridad, ya que no es verdadero un encuentro con Jesús si no nos
hace “arder el corazón” con deseos de llevarlo a otros.
Es la certeza de que el Señor estará cono nosotros hasta el fin de los
tiempos lo que nos impulsa a misionar, respondiendo al envío que
escuchamos en la proclamación del Evangelio. Tampoco es verdadero el
encuentro con Jesús si no somos capaces de encontrarlo en los más
pobres, débiles y sufrientes; el Señor Jesús que adoramos en la
Eucaristía debe ser servido en los más pobres. El pasaje de Mateo 25,
31ss será siempre el parámetro de nuestra autenticidad cristiana.
Además de esta “centralidad” del encuentro con Jesús, quiero
destacar la sintonía de nuestro trabajo con el camino pastoral de la
Iglesia Panameña.
Por eso, el Espíritu que ha iluminado nuestro trabajo de Asamblea, nos
invita a vivir la vida cristiana en plenitud. Esta es la única respuesta
que podemos y debemos dar a un mundo cada día más reacio y hostil al
Evangelio de Jesús y a quienes –a pesar de nuestras contradicciones-
intentamos seguirlo.
Nuestras miserias, errores, pecados y demoras no deben amilanarnos. En
todo caso nos ayudarán a ser más humildes y siempre conscientes de ser
“pecadores perdonados, pues también nosotros hoy estamos invitados a
descubrir la oportunidad providencial que el Señor nos está regalando.
Con un gran amor a la Iglesia de Jesucristo y actitud esperanzada nos
toca hoy ponernos al servicio de la misión, evitando un excesivo
“narcisismo pastoral”. No nos hace bien estar siempre dando vuelta sobre
lo que nos falta, lo que nosotros hacemos u otros hacen mal en la
Iglesia.
No se trata de ser ingenuos o falsamente optimistas. Una mirada realista
sobre la Iglesia nos lleva a amarla y servirla como ella es: santa y
pecadora; cargada de la potencia del Espíritu y guiada por el Señor de
la historia; siempre necesitada de conversión en sus miembros y punto de
referencia insoslayable para quien quiera encontrarse de verdad con
Jesucristo.
Por eso conviene recordar que a la Iglesia la construyen ante todo
los santos. Hoy como siempre. Por eso urge avanzar en una auténtica
“pastoral de la santidad”, como nos proponía Juan Pablo II al inicio del
nuevo milenio.
Con cristianos santos, convencidos, alegres, entusiastas, con mucho
deseo de contagiar a otros es posible vivir una Iglesia servidora de
Dios y de los hombres, una Iglesia que es signo e instrumento de
comunión, en la que todos encuentren caminos para vivir la vida
cristiana en plenitud.
5 EXHORTACIÓN FINAL
Pidamos a Dios que el fruto de nuestra Asamblea sea precisamente
éste: una vida cristiana en plenitud para todos los bautizados en
nuestras diócesis para que así formemos una Iglesia samaritana y
cordial, signo de esperanza, causa de alegría, con Santa María y un
Jesús pascual.
Quiero finalmente, invitar a todos y a cada uno de ustedes,
presbíteros, consagrados y consagradas, hermanos laicos, a vivir en la
comunión no solo estructural, sino fraterna y personal, si nos unimos
y trabajamos por un mismo objetivo uniremos fuerzas y se acrecentarán
los frutos pastorales, no podemos vivir aislados unos de otros;
ciertamente la pluralidad hace la comunión, sin embargo, tenemos un
mismo plan pastoral. Invito y exhorto a que nadie en nuestras diócesis
desconozca las directrices y los lineamientos que como Iglesia diocesana
queremos impulsar, a través de esta asamblea nacional.
Nuestros jóvenes, nuestros niños, nuestras familias, nos están
esperando, pues desean ver en nosotros, sacerdotes, consagrados y
laicos, hombres y mujeres enamorados de la vida, alegres por el
encuentro con Jesús, camino, verdad y vida.
Conscientes que hay una razón para vivir. Reencontrar el sentido de la
vida, debe interpelar no solamente a los demás, nos debe interpelar a
nosotros en primer lugar. Aquí está el futuro de la promoción
vocacional, en la audacia de contagiar el amor y el sentido a la vida.
Pues estoy convencido que no existe mejor promoción vocacional que la
que cada uno de nosotros con el testimonio hace.
Por cierto que no todos querrán aceptar esta propuesta, por indiferencia
o por rechazo. No importa, a nosotros nos corresponde invitar, ofrecer,
proponer. Quien quiera lo toma, quien no quiera lo deja. Quien la
rechaza, es quien se lo pierde...
Gracias a todos por su participación en esta Asamblea de Pastoral;
animo a los consejos de pastoral parroquial a no desfallecer en la tarea
evangelizadora que exige planeación y estrategias bien claras y bien
definidas, en estrecha comunión con los párrocos y sacerdotes que les
acompañan. Animo y adelante!!!
Pidámosle a Santa María la
antigua, la Estrella de la Nueva Evangelización” que sea ella la que nos
guíe en los proyectos pastorales, que sepamos ser dóciles al Espíritu
que suscita los carismas y ministerios en la Iglesia y que es el alma y
el dinamismo de nuestras comunidades cristianas. Amén.
Volver |