Dar el primer paso

 

Manuelita Núñez

En las últimas semanas hemos estado viviendo de tormenta en tormenta. Sin embargo, no debemos olvidar que el sol brilla para todos, aunque a veces las nubes lo hayan opacado, y tener esta certeza nos reconforta.
Con un llamado esperanzador a la responsabilidad, a la participación y a la solidaridad, la Conferencia Episcopal Panameña acaba de pronunciarse en su Mensaje al término de su Asamblea Ordinaria realizada del 9 al 13 de enero pasado.
En primer término nos llama “a ser mensajeros y sembradores de esperanza en medio de las dificultades y angustias presentes; así como defensores y promotores de la justicia y del bien común, y anunciadores y constructores de la civilización del amor, enraizada en el de Dios Padre”.
Nuestros obispos después de analizar la situación actual del país reconocen que “si bien es cierto que nuestro país experimenta procesos democráticos y económicos importantes, aún no posee un rumbo asegurado y tampoco está a salvo de un escenario de regresión autoritaria, aun por la vía electoral. Ante este panorama que suscita temor por nuestra democracia, es necesario realizar esfuerzos permanentes para lograr consensos y reorientar el modo de entender y hacer la política, de tal manera que respete la dignidad de la persona, sus derechos y obligaciones y pueda responder a las exigencias del nuevo escenario nacional e internacional”.
Con claros señalamientos nos indican que “urge involucrar a todos los panameños en la generación y distribución de la riqueza; modernizar nuestra educación; hacer que nuestra democracia sea más participativa; fortalecer la familia "santuario de la vida, casa y escuela de comunión, formadora de personas y promotora de justicia"; asegurar la separación e independencia de los poderes del Estado, a la vez que propiciar una corresponsable descentralización del mismo; deponer los intereses partidistas, gremiales y clasistas en favor del bien común; propiciar la transparencia y rendición de cuentas, tanto en el ámbito público como en el privado; cuidar nuestro patrimonio histórico, cultural y ambiental; poner los medios de comunicación social al servicio de una cultura de paz mediante la promoción de la verdad y la justicia.
Todo lo cual “conlleva importantes ajustes y sacrificios y sólo se hará realidad con la voluntad individual y política de todos los panameños, conciliando la libertad con la responsabilidad, la autoridad pública con la legítima autonomía y participación de grupos, la soberanía nacional con el respeto a los convenios internacionales suscritos por la República de Panamá”.
Reafirmando el rol de la Iglesia, nos recuerdan que “la Iglesia no ha cesado y no cesará de preocuparse por el bien común y en especial por la defensa de los principios éticos no negociables y, por ello, hacemos un llamado a los hombres y mujeres de buena voluntad para actuar de tal manera que sean fermento en la sociedad, a fin de lograr el consenso moral que haga posible la construcción de un Panamá más justo, equitativo y solidario”.
El tono profético de este mensaje trae consigo una clara invitación a todos los ciudadanos a realizar un análisis sereno de la situación real que estamos viviendo, a una serena reflexión sobre nuestro actuar ciudadano y como una necesidad urgente, a deponer actitudes violentas que lejos de ser cauce para la solución de los innumerables problemas que hoy nos aquejan, constituyen obstáculos para la paz social. O sea, en términos cristianos, ir contra corriente, amar al enemigo, extender la mano, no el puño, ser el primero en dar el paso hacia la reconciliación, aunque mucho me cueste…por el camino del diálogo y no de la guerra. No sería, una opción, mejor vivir la fraternidad que la confrontación?

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