|
La conversión de San Pablo Apóstol
P. Alirio Cepeda R. SSP.
El próximo 25 de enero la Iglesia universal celebra la fiesta de la
“Conversión de san Pablo”, recordando que su martirio, junto con san
Pedro, es el 29 de junio. Este acontecimiento lo narra san Lucas en los
Hechos de los Apóstoles por tres ocasiones: 9, 1-30; 22, 3-21; 26, 9,20,
para indicar su importancia.
Saulo, nombre judío y Pablo nombre griego, procedía de una comunidad
hebrea de la diáspora, nacido en Tarso de Cilicia en el Asia Menor, la
actual Turquía, procedente de una familia devota y trabajadora. Luego de
sus estudios primarios en su tierra, tuvo una formación académica
superior en Jerusalén, con Gamaliel. Las materias eran: La Ley de Dios,
llamada Torá; La Tradición de los antiguos o sea la Halaká y Hagadá; y
La interpretación de la Biblia, llamada Midrash. Mientras Pablo
estudiaba en Jerusalén, vivía en Nazaret otro joven, llamado Jesús.
Según parece, Pablo y Jesús nunca se encontraron los dos en la vida.
Jesús era cinco o seis años mayor que Pablo. Pablo era ciudadano romano
“por nacimiento”, es decir que la había recibido del padre.
Pablo fue siempre un hombre profundamente religioso, judío practicante,
irreprensible en la más estricta observancia de la ley, “lleno de celo
por las tradiciones paternas”. Por defender esas tradiciones llegó a
perseguir a los cristianos. El ideal de cumplir con la Ley, que habían
recibido gratuitamente, animó a Pablo durante los primeros 28 años de su
vida (Fil 3, 5-6). Pero ahora viene la crisis: Pablo y san Esteban
posiblemente eran compañeros de estudio en Jerusalén. Como sabemos
Esteban entró en la nueva comunidad de los cristianos, Pablo estaba en
contra. De los discursos de Esteban y su martirio, vemos que logra ser
justo y ser acogido por Dios, sin observar la Ley, cosa que Pablo no
había logrado alcanzar, a pesar de todo el esfuerzo por cumplir la Ley.
Además Esteban perdona a quienes lo martirizan.
Pablo como que quiere no darse por vencido y con más ímpetu se va a
Damasco a arrestar a los cristianos que más pueda. Pero, Jesús mismo lo
frena y le va a hacer entender que a quien persigue es al mismo Cristo,
muerto y resucitado. Cae en profunda crisis, pero Dios mismo lo va a
rehabilitar para su proyecto salvador, eligiéndolo su designado para los
“paganos”, para quienes no conocían al Dios Creador, manifestado
precisamente en Cristo. Desde ese momento comienza para Pablo un antes y
un después de manifestársele Jesús. Comienza una reelaboración de su
pensamiento e irá narrando su experiencia de vida en sus viajes
misioneros y en sus escritos.
Fueron muchas las comparaciones que utiliza Pablo para dar a entender su
cambio profundo. Su nacimiento a Cristo fue de una manera forzada y por
eso él dice: “Jesús se apareció a mí, que soy como un aborto” (1Cor
15,8). “Fui alcanzado por Cristo” (Fil 3,12). “Me amó y se entregó por
mí” (Gál 2,20). “Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de
Cristo” (Col 1,24). Al igual que Jesús, Pablo entrega su vida a sus
hermanos y hermanas. Soporta luchas y persecuciones, viajes y
cansancios, sufre con los que sufren. “Nada nos podrá separar del amor
de Dios” (Rom 8,35). De esta manera alcanza su lenta pero segura
madurez: “Yo no soy quien vive, es Cristo quien vive en mí” (Gál 2,20).
“Cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte” (2Cor 12,10). Termino
con una oración del beato Santiago Alberione: “Te agradezco,
Jesús, por la gran misericordia concedida a san Pablo al cambiarlo de
perseguidor en ardiente apóstol de la Iglesia; y tu san Pablo, intercede
por mí, dame un corazón dócil a la gracia, una completa victoria sobre
mi defecto principal y una plena configuración de mi vida en Cristo”.
Volver |