 |
Pastoral Juvenil
de la Arquidiócesis de Panamá |
Tu experiencia vocacional
M.J. Castillo
Querido/da joven:
Hoy en día la palabra vocación produce pánico entre los jóvenes; ¿por
qué?, ¿será que piensan que una vocación es una situación que solo trae
renuncias, prohibiciones, límites y un “para siempre” que no es acogido
en nuestro tiempo que se muestra “inconstante” y “sin compromisos”?
Pues bien, la palabra vocación significa: “llamada”. A cada momento
somos llamados por personas a realizar diferentes actividades y nosotros
nos vemos en la necesidad de tomar decisiones. De este mismo modo
sencillo, pero íntimo, Dios nos llama cada día a seguir su proyecto de
amor para cada uno de nosotros. Nuestro problema es escuchar, aceptar y
acoger su propuesta, principalmente por “miedo”; ¿a qué?: ¿al qué
dirán?, ¿y si no puedo?, ¿y si fracaso?, ¿y si no era para esto?, ¿y si
pierdo mi vida? Como ves el centro de estas dudas es el “yo”; ¿y dónde
dejas a Dios? Dios es el que llama, el que da las gracias necesarias y
debemos dejarnos guiar por él.
Por todo lo mencionado, es importante que cuando sientas el “llamado de
Dios” no lo comentes a la ligera ni a cualquier persona; busca a alguien
sabio y de gran fe para que pueda iluminarte y caminar contigo, porque
solos no podemos desenmarañar todos los pensamientos que en nuestra
cabeza se aglomeran cuando Dios decide “llamar”. Esta persona será tu
director espiritual, quien te acompaña, escucha, apoya y te dice lo que
Dios espera de sus criaturas. Esto es íntimo y debes protegerlo de
posibles contaminaciones, es un momento para vivirlo con personas que
entienden este lenguaje, este será tu “camino de discernimiento”, es tu
“experiencia vocacional”.
No te voy a engañar diciendo que será una etapa fácil en tu vida, pero
es una experiencia para gente valiente y llena de amor. Para escuchar,
aceptar y acoger la propuesta de Dios es necesario amar; no hablo del
amor del que se habla por la calle: lujuria, desenfreno, egoísmo,
placer, apetitos, etc. Del amor que hablo es aquel que: se ofrece, se
entrega, soporta, espera, es sereno, firme, constante...
Y tú querido/da joven tienes toda la capacidad de amar así, porque Dios
te dio su espíritu, su esencia que vive y habita dentro de ti... quizás
no lo sabías, pues te lo estoy revelando.
Jesús ha sido claro: “No todos entienden este lenguaje”. Porque no todos
podemos ser ojos, piernas , manos, etc. Somos como un cuerpo, cada uno
tiene una función que realizar; ahora te invito a que tengas tu
“experiencia vocacional”, descubre cuál es el llamado que Dios te hace
de forma personal.
“Todo lo puedo en Aquel que me conforta”.
Volver |