Editorial
La sociedad necesita convertirse
La noticia del asesinato de un pastor evangélico
dedicado al rescate de los jóvenes pandilleros en el barrio de El
Chorrillo, nos conmueve como cristianos y como comunidad, porque la
pérdida de la vida de una persona siempre duele, por ser un atentado
contra el autor de la vida, Dios Padre Creador.
Sin discriminar en cuanto al rito o la denominación religiosa, toda
persona que trabaje por la paz colabora, en alguna medida, con el plan
de Dios. Aún cuando haya sido por equivocación, y que el atentado mortal
no estuviere dirigido expresamente al pastor asesinado, nada excusa
quitarle la vida a un semejante, aunque a nuestros ojos lo tenga o no
merecido. Es un crimen execrable e insensato, que pone de manifiesto el
salvajismo de que es capaz el hombre por el odio y el egoísmo.
El ambiente de violencia que pulula de un extremo a otro de la
República, particularmente en Panamá y Colón, es un mal social que debe
erradicarse del seno de nuestra sociedad. El pandillerismo, la
intolerancia y el afán de dinero fácil a través del crimen y del
narcotráfico son realidades que mantienen en vilo a la población, en
muchos barrios y comunidades del país.
Nuestra sociedad necesita hacer un firme propósito de conversión, tanto
en la fe como en los valores, virtudes y costumbres colectivos. Sólo
personas nuevas pueden hacer comunidades nuevas, para una nueva
sociedad. El mal está en el interior de los hombres, y es allí donde
necesita ser sanado; buscar la solución en lo externo es seguir
alargando un problema que cada día se hace más grande. Ojalá esta y las
otras muertes, no hayan sido en vano.
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