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Todo por ser abuelos y abuelas
Enelda Henríquez Medina de Cerrud
Sin duda la vida es maravillosa si aprendemos a disfrutarla con los
cambios que por naturaleza hay que esperar. Cuando la descendencia
crece, muchas cosas quedan sólo en el recuerdo, algunas quedan grabadas
en las fotos, en la mente, en videos, en los álbumes y otras en el alma.
Después de un tiempo llegan nuevas vidas, corazones tiernos que hacen
felices a quienes un día quedaron solos en el hogar, son muchas las
novedades que hay que compartir en esa etapa de la existencia.
Cuando ya la casa se mantenía en orden, todo en su lugar y en cierto
silencio, llega como un remolino cargado de energía y todo cambia; dice
una abuela: “todo lo revuelven, voltean toda la casa, y cuando se van
vuelve la calma, parece que hubiera pasado una tempestad”.
Así es, aparecen cebollas debajo de las sillas, las tapaderas de las
ollas sirvieron de platillos para la banda y ahora no aparecen, un
cucharón perdido aparece en la caja de juguetes.
Y hasta se piensa: ¿Será que hay ratones en la casa? Las galletas
desaparecieron y la leche se evaporó.
De repente suena el teléfono… Sólo es para preguntar si allá se quedaron
unos zapatos, son los de ir al colegio; y es así, se quedaron en casa de
los abuelos.
El abuelo es ahora mecánico, repara los carritos, el columpio, le pone
cuerda al tambor y parches a la bola. Eso no es todo, también se vuelve
jugador de béisbol, a veces es lanzador, otras veces bateador o bien se
convierte en árbitro.
La abuela que de artista no tiene nada, ahora es la maestra de bailes
folclóricos, y aún con la voz desafinada siempre encuentra quien le pida
más canciones del repertorio.
¿Y cuánto cuesta aquella frase: “Yo te acompaño”, cuando hay que ir a la
tienda o al supermercado?, ¿o las buenas calificaciones bimestrales?
A muchos les ha ocurrido esto: Se queda el nieto o nieta para dormir en
casa con los abuelos y a media noche quieren regresar a su casa, ¿qué
hacer entonces?
Todas estas maravillas y muchas más se viven, se gozan, dan energía y
todo por ser abuelos o abuelas.
Gracias Señor, por tan especial bendición.
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