Fotografía tomada el 4 de enero de 1990 y cedida por la oficina del Fiscal del Distrito de los Estados Unidos que muestra al dictador panameño Manuel Antonio Noriega en Miami, Florida, tras ser detenido. Noriega fue condenado el miércoles 7 de julio de 2010 por la justicia francesa a siete años de cárcel por el blanqueo en Francia de 2,3 millones de euros procedentes del narcotráfico. El Tribunal Correccional de París también impuso a Noriega una indemnización de un millón de euros para el Estado panameño que se había constituido en acusación particular. EFE/ARCHIVO/ US DISTRICT ATTORNEYS OFFICE/HO.

El poder temporal

Todo poder humano está limitado por las circunstancias de tiempo, modo y lugar; por más grande que se crea, siempre acaba debido a la finitud del hombre. Reyes, emperadores, mandatarios, dictadores, dueños de emporios comerciales, artistas, deportistas: la carrera de todos llega a su fin, temprano o tarde.

La experiencia de Manuel Antonio Noriega es representativa para los panameños, porque fue un hombre que gozó de poder y fortuna en su momento, pero que hoy se ve alejado de su tierra, de los suyos y de los aduladores que lo endiosaban. Siente en carne propia la cárcel que a otros dio, sin que valga su defensa ni su condición de enfermo. Es un hombre reducido que mueve a compasión. Si alguna lección nos deja su situación, es que el poder es efímero y que el crimen no paga. Solo el poder de Dios es eterno y hacer su voluntad, la felicidad de todo hombre.

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