De izquierda a derecha, el vice presidente de República Dominicana, Rafael Alburquerque; los presidentes de Honduras, Porfirio Lobo; de El Salvador, Mauricio Funes; de Corea del Sur, Lee Myung-bak; de Panamá, Ricardo Martinelli; de Costa Rica, Laura Chinchilla; de Guatemala, Álvaro Colom; y el embajador de Belice, Alfredo Martínez, posan el martes 29 de junio de 2010, durante la fotografía oficial de la III Cumbre de jefes de Estado del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) con Corea del Sur, en Ciudad de Panamá. EFE/Geovanni Hernández R.

Servir a los pueblos

Los gobernantes son elegidos, fundamentalmente, a causa de dos situaciones: sus promesas de campaña y la esperanza de que logren los cambios para una vida mejor. Algunos procuran cumplir sus promesas y alcanzan a realizar obras que mejoran la calidad de vida de sus pueblos, otros las olvidan y traicionan a favor de su propio interés y el de sus allegados. Es un mal que ocurre en cualquier parte.

Extrapoladas, las promesas y esperanzas de un mundo mejor se verifican en las tantas conferencias, cumbres y reuniones de mandatarios. Declaraciones, resoluciones y objetivos pululan por doquier. Si aquellos que son elegidos para gobernar pudieran hacer realidad la mitad de sus compromisos, mucho sería el bien que harían; sin embargo, esto sólo será posible cuando estén convencidos que su principal misión es la de servir a los pueblos, aún cuando ello represente desgastarse y deponer todo interés propio en favor de la mayoría.

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