El maestro rural Pablo Vives y sus alumnos de la comunidad Emberá Drúa, localizada a una hora en canoa desde el puerto fluvial Corotú, en el río Chagres (Panamá) observan por televisión el partido inaugural del Mundial Sudáfrica 2010, el 11 de junio de 2010. La comunidad, integrada por veinte familias, solo dispone de un televisor y recibe electricidad por un sistema solar donado por la cooperación internacional. EFE/Hernán Martín.

Un mundo desigual

La tecnología acerca al mundo y permite acceder al saber y al conocimiento. En este sentido, es una valiosa ayuda para el ser humano. El uso de la tecnología facilita el trabajo del hombre, le es útil para progresar, y con ella puede alcanzar un nivel de bienestar en su calidad de vida y desarrollo personal.

Sin embargo, las desigualdades sociales mantienen en la marginación a millones de personas en el mundo. Aquello que debe ser útil y accesible a todos, se convierte, muchas veces, en el abismo que separa a las diversas poblaciones que componen la humanidad. Es un mundo desigual el que vivimos, que sólo podrá cambiar cuando nos sintamos más humanos, más solidarios, y más deseosos de compartir con los demás el conocimiento y el uso de la tecnología.

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