Editorial
Figura paterna
El cristianismo nos presenta como la figura paterna
por excelencia a san José, esposo de la Virgen María, y padre terrenal
de Jesús. Hombre de fe, justo, casto y temeroso de Dios. Tal hombre con
esas virtudes haya, seguramente, gracia a los ojos de Dios.
La figura paterna semejante a san José, en nuestro medio, es poco
ponderada y apreciada por los que dirigen la sociedad y la opinión
pública. Se prefiere al irresponsable, para criticarlo; al maltratador,
para condenarlo; y al corrupto, para justificar el ataque político. Esos
malos ejemplos, que tanta prominencia reciben, reafirman el estereotipo
que todo hombre es así, porque todos son iguales.
Hay, entre nosotros, hombres ejemplares, que son padres y esposos a
carta cabal, y que pasan desapercibido porque no se encuentra en ellos
el motivo para el escándalo y para alimentar el morbo sobre la
estereotipada imagen masculina entre nosotros. A estos, a los correctos,
poco espacio se le da. En el mejor de los casos, alguno que otro merece
un comentario en el Día del Padre, y nada más.
Desde este espacio queremos saludar a los hombres que, a ejemplo de san
José, se ocupan de su familia y de su casa con dedicación y cariño. A
esos que, calladamente, dan testimonio cristiano del favor de Dios sobre
ellos. Que Dios les bendiga y les dé su espíritu para cumplir con su
misión paternal, y para que su testimonio sirva a otros para enderezar
sus vidas.
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