A TIRO DE PIEDRA
Nuevo servicio de autobuses
El servicio de transporte
colectivo de pasajeros que está en vía de modernización debe darse en
concesión al menos a dos empresas, para crear la competencia que permita
brindar un servicio eficiente y aceptado por los usuarios.
Uno de los problemas del servicio actual es que las concesiones se dan
para una ruta específica, sin que pueda cubrirse eficazmente el déficit
que se produce, ya sea por escasez de vehículos debido a la baja
rentabilidad de una ruta, o por causa de la poca afluencia de pasajeros
a determinadas horas. El resultado es la poca cantidad de unidades en
una ruta, que en las horas pico no se dan abasto, y la saturación de
vehículos en las horas en que la ganancia es buena.
Al quedar la operación de todas las rutas bajo una sola empresa, se
podrá distribuir mejor la cantidad de autobuses, según la necesidad de
ruta y horario, aportando mayor eficiencia al servicio. Sin embargo, la
totalidad del pastel no debe entregarse a una única empresa. Debe
dividirse al menos entre dos, que podrían cubrir, igualmente, todas las
rutas. Una podría ser la línea verde, y otra la naranja, por ejemplo,
creando una competencia sana, al permitirle al usuario utilizar
mayormente la que mejor servicio le brinde.
Si entregamos el monopolio a una sola empresa, el usuario tendrá que
aguantarse el servicio, sea bueno o sea malo. Aprendamos de la
experiencia del ser-vicio de electricidad: aunque son varias empresas,
cada una monopoliza el sector que se le asignó. Distinto sería si se
hubiera privatizado la facturación, porque el usuario podría cambiar de
empresa. Si no le gustaba el servicio, los hacía llevarse su medidor y
se iba con la competencia.
No cometamos el mismo error con el transporte. Dividamos la concesión
entre dos empresas operadoras, para que el usuario escoja la mejor. Hay
suficiente demanda para hacerlo, porque el transporte es un negocio
multimillonario. Ambas cubrirían toda la ciudad, y darían el servicio en
todas las rutas; sólo habría que diferenciarlas asignándole un color
distinto a cada una.
Esperamos que en este caso el gobierno vele por los intereses del
pueblo, y no por los de las empresas. El público pagará el precio del
pasaje que le fijen, si el servicio que recibe es cónsono con lo
cobrado. En esta decisión se pondrá a prueba la verdadera intención de
nuestros gobernantes. Si resulta un monopolio, ya sabremos de qué lado
estarán.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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