Voz del Pastor


Mons. Pablo Varela Server
Obispo Auxiliar

Si conocieras el don de Dios (Jn 4,10)

Fe y Ciencia. Sus relaciones

Tanto la religión como la ciencia son fenómenos culturales que han estado presentes a lo largo de la historia. En este contexto el tema de las relaciones entre ciencia y fe cristiana necesita de una reflexión seria y serena viéndolas como formas de conocimiento y fenómenos sociales. Ellas constituyen formas de acercamiento a la realidad, es decir, formas de conocimiento con distintas peculiaridades. También se requiere ubicarlas a lo largo de la historia para captar correctamente los problemas que se hayan dado. La ciencia moderna nace en el occidente cristiano y su relación comienza con los primeros autores cristianos del siglo III.

Se trata de las dos grandes visiones sobre el mundo, dos grandes maneras de verlo con una extensión y fuerza muy sobresaliente, sin por ello demeritar otras visiones como la artística. En general, la ciencia se presenta tratando de comprender la naturaleza del mundo material que nos rodea, cómo ha llegado a ser, cómo lo conocemos y qué leyes lo rigen. La fe cristiana y la religión en general, por su parte, trata de lo que transciende el mundo material y pone al hombre en contacto con lo que está más allá, lo numinoso, el Misterio de Dios y su relación con el hombre y el universo.

Fe y experiencia religiosa son el fundamento del conocimiento religioso que se formaliza en la teología, mientras el conocimiento científico se presenta con un marco formal de leyes y teorías, relacionadas con una base empírica de experimentos y observaciones. Dos tipos de conocimiento con su naturaleza y sus límites a tener claros para poder establecer correctamente la relación entre ambos.

Pero la religión y la ciencia son también fenómenos sociales. La incidencia normativa de la religión en los comportamientos, que desemboca en propuestas éticas, interacciona con la práctica de la ciencia, que no puede ser ajena a los problemas éticos que en ella pueden surgir, lo que abre nuevos espacios de relación entre ambas. Estas relaciones no tienen por qué ser conflictivas o imposibles sino de las que producen un fructuoso diálogo y una cierta complementariedad.

El comportamiento ético no pertenece solo a las ciencias aplicadas o a la tecnología, sino a toda actividad científica, aunque lógicamente es más visible en la exigencia de responsabilidad respecto a los resultados del trabajo científico, tanto a nivel de la ética personal de cada científico como de la responsabilidad colectiva de la comunidad científica. En particular se trata de tener siempre presente las posibles consecuencias que se derivan del trabajo científico, cosa nada fácil dada la creciente complejidad de la investigación científica y de la multiplicidad de posibles impactos en la vida humana y en su entorno. Ética de los medios y ética de los fines. Estamos en la sociedad del conocimiento y del riesgo.

La vocación científica se mueve en el horizonte de la Verdad el cual pide la relación con el horizonte del Bien. Con esta orientación la vocación científica exige la humildad; imposible servir a la Verdad sin ella. Pero la fe cristiana también sirve a la Verdad y no se puede seguir su camino sin la humildad de Aquél que se abajó siendo él mismo Verdad y Vida. Sólo hay una Verdad. El horizonte al que apunta la fe cristiana no niega la tarea científica ni la excluye. La valora en su tarea de crecimiento del conocimiento humano y en su aporte al cuidado y promoción de la vida. La trasciende y la invita a ser también manifestación de la gloria de Dios.

Uno de los males a evitar por todos ahora y siempre, creyente o no, el opinar sin conocer y sin pensar.

Volver