Catequesis del Papa
Munus sanctificandi
Extracto de la audiencia general, Plaza de San
Pedro, miércoles 5 de mayo de 2010
Queridos hermanos y hermanas:
En las últimas décadas ha habido tendencias orientadas a hacer
prevalecer, en la identidad y la misión del sacerdote, la dimensión del
anuncio, separándola de la de la santificación; con frecuencia se ha
afirmado que sería necesario superar una pastoral meramente sacramental.
Pero ¿es posible ejercer auténticamente el ministerio sacerdotal
«superando» la pastoral sacramental? ¿Qué significa propiamente para los
sacerdotes evangelizar? ¿En qué consiste el así llamado «primado del
anuncio»? Como narran los Evangelios, Jesús afirma que el anuncio del
reino de Dios es el objetivo de su misión; pero este anuncio no es sólo
un «discurso», sino que incluye, al mismo tiempo, su mismo actuar; los
signos, los milagros que Jesús realiza indican que el Reino viene como
realidad presente y que coincide en última instancia con su persona, con
el don de sí mismo, como hemos escuchado hoy en la liturgia del
Evangelio. Y lo mismo vale para el ministro ordenado: él, el sacerdote,
representa a Cristo, al Enviado del Padre, continúa su misión, mediante
la «palabra» y el «sacramento», en esta totalidad de cuerpo y alma, de
signo y palabra. San Agustín, en una carta al obispo Honorato de Thiabe,
refiriéndose a los sacerdotes afirma: «Hagan, por tanto, los servidores
de Cristo, los ministros de la palabra y del sacramento de él, lo que él
mandó o permitió» (Epist. 228, 2). Es necesario reflexionar si, en
algunos casos, haber subestimado el ejercicio fiel del munus
sanctificandi, no ha constituido quizá un debilitamiento de la fe misma
en la eficacia salvífica de los sacramentos y, en definitiva, en el
obrar actual de Cristo y de su Espíritu, a través de la Iglesia, en el
mundo.
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