A TIRO DE PIEDRA

Agresividad contra el periodismo

 

La intolerancia de algunos funcionarios contra los periodistas desdice mucho de la vocación democrática del gobierno. Las palabras ofensivas, la intimidación, la amenaza, y la agresión física aparecen ya en el escenario.

El comportamiento prepotente de los altos funcionarios que incurren en la práctica agresiva, pone en evidencia la intolerancia hacia las críticas y la búsqueda transparente de la información. La inexperiencia de algunos de ellos, apenas estrenados en la gestión pública, les hace pensar que los asuntos que manejan son, todos, de carácter confidencial. Al intentar proteger o negar la información, lo que ocasionan es la búsqueda de los hechos por otras fuentes o canales.

Todo funcionario con mando y jurisdicción deben entender que los asuntos públicos interesan a los ciudadanos, que la gestión pública debe ejercerse con transparencia, y que deben tener especial tolerancia hacia las críticas. Antes de pensar en coaccionar a la prensa, o acallarla por cualquier vía, deben aclarar los acontecimientos, proveer de la información necesaria, veraz y completa, a los periodistas, y corregir los yerros y el rumbo equivocado.

Prohibir que pueda fotografiarse o filmarse en un espacio público, para impedir que se conozcan los hechos, es una aberración y un atentado contra la libertad de información y el sistema democrático. Golpear, o permitir que se haga, a un fotógrafo, es un acto impropio de una autoridad. Amenazar a los periodistas, de manera directa, indirecta, o velada, es una actitud comparable a la de cualquier criminal.

Si en algo se está en desacuerdo, el gobierno o sus funcionarios pueden aclarar o ejercer su derecho a réplica, para sustentar sus puntos de vista. Recurrir a otras tácticas, que buscan amedrentar o desprestigiar a los medios y a los periodistas, es inaceptable y no tiene fundamento.

Los acontecimientos recientes nos advierten del peligro que entraña la intolerancia de algunos funcionarios, aparentemente respaldados por los más altos, al mantener silencio o quedarse impávidos ante lo que ocurre. Es un mal augurio, que acabará por crear un clima de ingobernabilidad y de autoritarismo, que en nada nos conviene.
Ojalá el rumbo sea rectificado, para que logremos mantener el régimen de libertad democrática en el país.

Luis Alberto Díaz - lad@panoramacatolico.com

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