Estanislao Bejarano, representante de la comunidad indígena ngöbes de Panamá, habla sobre los problemas de las poblaciones nativas en América del Sur, durante una audiencia de la Comisión Tom Lantos de Derechos Humanos de la Cámara de Representantes, el jueves 29 de abril 2010, en Washington, DC (EEUU). EFE/Jorge A. Bañales.

El derecho a la tierra

Las poblaciones indígenas y campesina son las más vulnerables cuando se afectan sus terrenos y las áreas donde habitan, porque dependen de ella para su sustento y su desarrollo social. Un indígena o un campesino sin tierra, muere como persona y pierde su identidad y su razón de ser. Por eso es importante que en las políticas públicas se garanticen sus derechos de poseer y trabajar la tierra.

El país tiene, hacia el futuro, posibilidades de explotación minera y producción de energía, así como el reto de la expansión de los asentamientos urbanos. Tales cuestiones entrañan peligro para las poblaciones indígenas y campesina, le traen preocupación y desasosiego justificados. Si queremos el progreso de todos los hijos de esta patria, urge atender a esas poblaciones de manera justa; de lo contrario, el desarrollo sólo beneficiará al que tiene el capital como medio de vida y no la tierra.

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