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Así vio un sacerdote la Toma de Posesión Canónica del Arzobispo Ulloa
Una mirada desde el presbiterio

Rolando Aparicio, Pbro.
Es la tarde del día sábado 17 de abril de 2010; Monseñor José Domingo
Ulloa emprende el camino desde la capilla San Felipe Neri hacia el
parque Catedral, donde en el atrio de su sede episcopal será instituido
canónicamente como nuevo Arzobispo de Panamá. Caminan a su lado los
obispos miembros de la Conferencia Episcopal Panameña, el Nuncio
Apostólico, Mons. Andrés Carrascosa Coso, así como prelados invitados de
otros países.
Los
fieles congregados de todas partes del país en el parque Catedral buscan
la mejor ubicación para participar de la Eucaristía; reciben a los más
de cien sacerdotes que presiden la procesión, quienes se abren paso
entre aplausos y muestras de afecto. Bien ubicados también están las más
altas autoridades del gobierno actual y de anteriores administraciones.
El Presidente de la República, Ricardo Martinelli, y su esposa están
sentados en primera fila.
Una tarima frente a la puerta central de la Catedral sirve de
presbiterio, adornada con alfombras, flores y un altar cubierto de
blanco con cirios encendidos; buscan dar la solemnidad y el decoro que
la ocasión amerita. Un cuadro de Santa María la Antigua, patrona de
Panamá, se ubica a los pies de la Catedral en el lugar más importante.
El primer rito lo presidió el Nuncio Apostólico, quien entregó el báculo
a Monseñor Ulloa, signo que marca el inicio de su mandato como
Arzobispo. Desde ese momento lleva sobre sus hombros la responsabilidad
de pastorear la Iglesia Católica en la Arquidiócesis de Panamá. Por eso
el Nuncio ha cedido, el presidir la celebración, al nuevo Arzobispo. El
pueblo, a su vez, responde al signo propiciando un gran aplauso de
aceptación.
Sentado en la sede Arzobispal, tiene a su lado a Monseñor José Dimas
Cedeño, quien por 16 años ejerció el puesto que hoy recibe Mons. Ulloa.
Fueron años de fidelidad a la Iglesia, de auge en la formación del
laicado en la Arquidiócesis, legado que deja a su sucesor. La alegría
que expresa Monseñor Ulloa, armoniza con el rostro de serenidad y
satisfacción de Monseñor Dimas.
La homilía del Señor Arzobispo fue seguida con atención por los
presentes, así como por los miles de panameños que a través de los
medios de comunicación participaban simultáneamente del evento. En sus
palabras, dirigidas de pie, ante al ambón puesto a un lado del altar, el
Arzobispo con voz clara y fuerte, sorprendió a muchos al plantear sus
prioridades en el proyecto de Iglesia que tiene en mente.
La santidad personal, ha dicho, es su primera opción: “Mi primer
objetivo será buscarla con todas mis fuerzas; buscar el rostro de Cristo
en la oración para así encontrarlo en el rostro de la hermana y del
hermano”. Su segunda opción va ligada a la primera, la santidad del
clero: “si como pastores nos empeñamos en la Santidad, la santidad de
los demás fieles nos vendrá por añadidura…”. Lo tercero, dice Monseñor
José Domingo Ulloa, será “seguir impulsando la participación de laicos y
laicas a lo interno de la Iglesia, en su formación teológica y
doctrinal, especialmente en el ámbito de la Doctrina Social de la
Iglesia…”.
La Eucaristía continuó con el mismo espíritu de alegría con que inició.
Ni siquiera una, inoportuna, llovizna pudo opacar la celebración.
Sacerdotes y fieles expresaban al nuevo Pastor su bienvenida y
compromiso de salir de la “pasividad provocada por el miedo y el
pesimismo”, y colaborar con él enla realización de sus anhelos y sueños
frente a la realidad de nuestro Panamá.

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