Libertad de expresión
Carta abierta al Dr. Xavier Sáez-Llorens

 

Giancarlos Candanedo Páez

Primeramente deseo felicitarle por su trayectoria profesional. Las referencias favorables de su trabajo como pediatra y especialista en infectología son reconocidas por muchos y, aunque no lo crea, también por esas personas e instituciones a las que en ocasiones suele criticar duramente.
La dicha que tenemos de vivir en un país democrático, donde se permite la libertad de expresión nos permite, a usted y a mí, manifestar lo que pensamos, lo que sentimos, lo que soñamos como ciudadanos de este país. Lastimosamente en no pocas ocasiones esa mal interpretada libertad –en este caso de expresión– nos puede llevar a faltar al respeto, a herir, a denigrar a las personas e instituciones, sean estas religiosas o no. En pocas palabras, las pasiones encontradas nos llevan a faltar a la caridad con que merecen ser tratadas todas las personas.
Escuchamos con insistencia hablar de tolerancia, respeto, pluralismo, libertad. Sin embargo, muchos de los que gritan a viva voz esas palabras son los que, paradójicamente, no resisten la voz calmada y sosegada de alguien que piense distinto a ellos, que plantee con argumentos científicos –no necesariamente filosóficos, teológicos, ni religiosos– sus posturas respecto a temas tan delicados como el aborto, la eutanasia, la centralidad de la familia, de la fidelidad matrimonial, entre otros.
De su artículo recientemente publicado, dirigido al nuevo Arzobispo de Panamá, Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, por ejemplo, ¿no le parece incongruente reiterar –lo conocemos todos– que no comparte espiritualidad ni creencia con el nuevo Arzobispo, y aún así lanzarse a hacer una serie de recomendaciones que manifiestan un desconocimiento de la fe católica y la estructura de la Iglesia?
Mons. José Domingo Ulloa Mendieta es, como bien lo señaló, una persona humilde, solidaria y conciliadora. Estoy convencido de que es un panameño auténtico y valiente que dejará legados positivos e imborrables como los ha dejado Mons. José Dimas Cedeño, igualmente panameño, auténtico y valiente. Justamente por esas virtudes que usted menciona, es que los católicos e incluso los no católicos, nos regocijamos por la designación de ambos.
El respaldo que tiene Mons. Cedeño y que tendrá Mons. Ulloa Mendieta, no es ni será condicionado a la promoción de cambios en la Iglesia como los que usted sugiere. No. Es el cariño sincero de una verdadera familia que ávida espera escuchar los consejos del padre y amigo que guía con sabiduría y humildad a sus hijos e hijas en la fe.
Son esos fieles católicos los que el día sábado 17 acompañamos desde todos los rincones del país a Mons. Ulloa Mendieta cuando tomó posesión de su cargo en la Catedral Metropolitana. Esa presencia representa la unidad de Iglesia Católica panameña y, por tanto, la unidad con el Papa Benedicto XVI.
Vale la pena recordar que la Iglesia no tiene derechas ni izquierdas y, en ese sentido, los fieles católicos somos libres de participar en el complejo mundo de la política, de la economía, de la cultura, de las ciencias, de las artes, de la vida internacional, de la comunicación social y de todas las realidades que se manifiestan en el mundo.
Lo animo a que siga buscando la verdad del universo porque, tarde o temprano se dará cuenta que “Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo” (Juan Pablo II).
NOTA: el siguiente escrito no ha sido publicado por La Prensa, por lo que le damos voz en este espacio.

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